Opinión
La ¿gran? evasión
Por Ciencias
ÁTOMOS CARGADOS // JAVIER YANES
No está mal traída la propuesta de la ministra Garmendia: compensar la fuga de cerebros nacionales con la importación de material extranjero de calidad. Pero hay que explicar que un recién doctorado que empaca la maleta para echarse al hombro un posdoctorado en Arizona no es fuga de cerebros, como la desembocadura de un río en el mar no es fuga de recursos hídricos; es el curso natural de las cosas.
Una vez que el científico ha dado carpetazo al rito de tesis y postdoc, es cuando se vuelve fugable. Pero la fuga, en todo caso, es pasiva; no es que se marchen, sino que muchos llaman a la puerta hasta despellejarse los nudillos. Otra precisión: para aquilatar el problema se debe definir cuándo es aplicable la parte por el todo: cualquier científico, por el hecho de serlo, no es más cerebro que hígado o píloro.
En la ciencia, como en el periodismo o la peluquería, los hay mejores, regulares y peores. Un país como éste, donde la ciencia aún es un cuento de Dostoievsky, debe asumir la carga de rescatar a los primeros, pero por gracia o desgracia, no puede obligarse a la misión, más política que científica, de fabricar perchas para toda bata blanca made in Spain perdida por esos mundos. Por beatífica e inmaculada que se manifieste la inversión en ciencia en labios de cualquier viandante encuestado al asalto, las potencias científicas no se hacen manipulando la churrera para extruir plazas de investigación a diestro y siniestro, sino sólo a los diestros, se llamen Olaf o Pepe. En esto, como en todo, hay que seleccionar, evitando la tentación del aforismo: “un científico, un voto”.