Opinión
Una guerra de pelotas
Por Javier Vizcaíno
El partido del miércoles pasado no terminó con el pitido final. Más bien empezó ahí. “Guerra total Madrid-Barça” titula La Gaceta a tres cuartos de plana. Su merengue director, Carlos Dávila, se reserva unos centímetros cuadrados para señalar culpables y llorar por la víctima colateral de la trifulca: “La UEFA atiza al Real en el tafanario de Mourinho y la guerra ha comenzado. Aquí la sangre va a correr por todos los lados, sobre todo por la Rojigualda, o sea, por la Selección”. Tras una ducha fría, en el editorial el papel intereconómico se ponía conciliador: “Por el bien del fútbol y de la Rojigualda, sería bueno recuperar la cordura, el espíritu deportivo y la sana rivalidad”.
Que no cuenten con Alfonso Ussía para tal componenda. Según vocea en La Razón, a un patrota se le puede pedir cualquier cosa menos que dejé de odiar lo blaugrana: “Soy español, y amo a Cataluña y Barcelona. Pero al Barça no. En mis sentimientos, el Barça ocupa un lugar preferente en la lista de desafectos. Y el que se pique o Piqué, que se rasque”. Eso se puede aplicar también, según el editorialista de El Mundo, a quienes se sientan agraviados por los insultos y/o calumnias del entrenador blanco: “Libertad de expresión, aunque sea Mourinho”, era su consigna.
Enlace irreal
Va de grandes acontecimientos. El bodorrio de ayer inspiró el editorial de La Razón, que aprovechó que el Támesis pasa por Londres para hincarse de hinojos ante el invitado ausente en el desposorio: “En España, repasar el reinado y el papel de Don Juan Carlos es recordar la dimensión trascendente de una voluntad de reconciliación entre los españoles alentada por la Monarquía, depositaria de la continuidad histórica. El Rey simboliza en su persona el gran proyecto común de libertad e igualdad que nos ha permitido disfrutar del más largo y próspero periodo democrático de nuestra dilatada historia”.
Ya ven que, se hable de lo que se hable, los amanuenses acaban colando su mercancía. Hermann Tertsch también se sabe el truco. Su columna de ayer en ABC iba sobre Palestina e Israel, pero enseguida tomaba el chárter de regreso para descargar la dosis de ricino: “Los socialistas utilizan ya el lenguaje de los terroristas para desacreditar a quienes defienden las líneas rojas que han cruzado. A los que, con ETA legitimada en su historia, acabaríamos siendo los judíos en un estado de Hamás”.