Opinión
Nada hay que una más que un buen enemigo
Por Manolo Saco
Si ellos sonríen, la mayoría de los españoles se tranquilizan. Somos como niños que esperan deducir el humor del padre a su llagada al hogar por el estado de su semblante. El lenguaje corporal es el que primero leemos los seres humanos, y ya sólo con vernos sabemos si traemos buenas o malas noticias, si venimos en son de paz o con ganas de bronca. Es como nuestro aroma corporal, que precede a la palabra.
Zapatero recibió a Rajoy a pie de escalera, se dieron la mano, se miraron a los ojos, se sonrieron con un punto de afectuosidad, y se pusieron manos a la obra. Los que quedamos a las puertas intuíamos ya que el líder de la oposición venía dispuesto a enterrar cuatro años de insultos, desprecios, falta de respeto continuada y descalificaciones al presidente de todos los españoles.
Nunca una reunión entre ambos dio para tanto entendimiento. Hubo acuerdo en la renovación del Tribunal Constitucional y del Consejo General del Joder Pudicial, dos asuntos cuya demora en su resolución estaba a punto de poner en peligro el funcionamiento del Estado. Más o menos firmaron un nuevo pacto antiterrorista “a dos”, como reclamaba el PP, dejando a un lado, sine die, la ampliación del acuerdo a otras fuerzas políticas, como deseaba el PSOE.
Y no hubo entendimiento, tal como se esperaba, en las recetas para encarar la crisis económica, pues Rajoy necesita mantener ante sus votantes la ilusión de que la derecha tiene una solución secreta que sólo desvelará cuando ocupe la Moncloa.
Ellos han sonreído al entrar y al salir de la reunión, sabedores de que la distensión saca lo mejor de cada partido, y la crispación, lo peor.
Con muy buen juicio, acordaron, además, no dar los nombres de los futuros magistrados designados in péctore, para no ser expuestos durante demasiado tiempo a las campañas intimidatorias y de difamación de los medios de la extrema derecha.
Porque un buen enemigo común une mucho a los viejos enemigos. Cualquier paso dado por ambos en la distensión de la vida política tendrá la respuesta biliosa correspondiente de la fábrica de odio de todos losantos del mundo del siglo XXI.
Y eso me pone a cien.
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Meditación para hoy:
Como me pone a cien el hombrecillo insufrible, unos días invasor insufrible, y otros, moralista insufrible. Ayer le tocaba el día de moralista insufrible, así que sintió unas ganas irrefrenables de evacuar lo que piensa sobre los degenerados matrimonios gay, uniones contra natura que “no deben ser equiparadas ni al matrimonio ni a la familia”, y sobre la necesidad de que los inmigrantes en la Comunidad Europea compartan con nosotros, los arios, “nuestros principios, de raíz cristiana”. No es más facha porque ya tiene bastante con ser Aznar, el pobre.
Mariano, a su lado, empieza a ser un revolucionario ¡compañero!