Opinión
Hipopótamos
Por Público -
Un intrépido comando antiguerrillero de las Fuerzas Armadas de Colombia acaba de matar a tiros a un hipopótamo de dos toneladas en las selvas pantanosas del gran río Magdalena.
Hay fotos de los soldados sonrientes y orgullosos, poniendo cara de Hemingway, en torno a la inmensa bestia muerta. La sobreviven su hembra y una cría, según cuentan los habitantes de la región. Pero están rodeadas. No escaparán.
Aunque quién sabe. Porque la intrépida acción militar, amparada por una autorización específica del Ministerio de Medio Ambiente que permite la caza de hipopótamos, ha sido condenada de manera unánime por Colombia entera. Aquí se mata gente, cómo decirlo, a manos llenas: pero eso a nadie le importa. Y animales, no digamos. No quedan cóndores, no quedan murciélagos, no quedan pumas ni jaguares, no queda ni uno solo de los delfines rosados y ciegos de los ríos del sur, no quedan dantas, no quedan venados, no quedan ranitas verdes en los charcos, ni pajarillos pechiamarillos como los de las canciones. A los caimanes se los comen a mordiscos. Las hormigas están siendo exterminadas por las fumigaciones químicas que pretenden, en vano, acabar con las plantaciones de coca. Pero eso a nadie le importa. Matan a un hipopótamo, y se indigna el país.
Y eso sucede por una razón metafórica. Los hipopótamos, que en Colombia no existían, fueron traídos del Africa por el universalmente famoso narcotraficante Pablo Escobar. Eran dos. Se reprodujeron. Porque los hipopótamos, por lo visto, no hacen nada más que eso. Follan, Comen. Cagan. Se reproducen. Se matan entre sí. Como los narcotraficantes.
Ante la protesta por el “asesinato ecológico” del hipopótamo, se disculpa el Ministerio del Medio Ambiente de Colombia:
–Es que es costoso mantenerlos. Y encima, nadie en el mundo los quiere recibir.