Opinión
El hombre que debería estar allí
Por Antonio Avendaño
Cuando el PSOE llama a Felipe González y Alfonso Guerra para que den juntos un mitin es que la cosa está 'mu' mala. Ambos participarán el sábado que viene en el supermitin que el partido ha organizado en el velódromo de Dos Hermanas, donde espera reunir a 25.000 fieles para participar en esa especie de misa por lo civil que son los grandes actos electorales. Pero la verdadera novedad no es tanto que el partido los llame como que ambos acepten. Su distanciamiento a principios de los noventa que acabaría en ruptura a mediados de la década dejó dolorosas heridas políticas y personales cuyas cicatrices son aún visibles.
Muchos dirigentes y militantes de entonces vivieron aquellos sucesos con amargura y desconcierto: Felipe y Alfonso habían roto pero pocos acababan de entender exactamente por qué. En eso la militancia no tenía sentimientos muy distintos a los de cualquier prole cuyos papás deciden separarse civilizadamente. Lo único que saben los niños es que no quieren que mamá y papá se separen: lo demás no les importa demasiado. Y si finalmente se divorcian, lo que quieren es que vuelvan.
Pues bien: de eso se trata el sábado, de que ambos vuelvan e inyecten un poco de ánimo al decaído familión socialista rememorando los viejos tiempos en que todos formaban una familia próspera y unida. Es seguro que aquello se va a poner a 'reventá'. La Andalucía socialista sigue siendo ciegamente felipista y conmovedoramente guerrista pase lo que pase y hagan lo que hagan.
Cuentan las crónicas que ha sido el presidente Griñán quien ha urdido el bello encuentro, él es quien ha ejercido de Celestina buena para lograr el milagro de que ambos dirigentes compartan escenario por unas horas junto al propio Griñán y el candidato Rubalcaba. ¿Y ZP? El nombre de Zapatero no aparece por ninguna parte. Zapatero será el sábado en Dos Hermanas como ese cabeza de familia al que nadie nombra en las celebraciones porque ha cometido algún error imperdonable que, injustamente, ha acabado enterrando la memoria de los buenos tiempos compartidos. Puede que los estrategas socialistas se estén precipitando al excluir al presidente del Gobierno de una misa mayor como la del sábado. Si no está, como parece, su partido habrá cometido con él el feo pecado de la ingratitud. Tal vez no sea conveniente en términos electorales que Zapatero esté allí, pero sí lo es en todos los demás términos, que son los que de verdad cuentan. Incluso en campaña electoral. Puede que en campaña electoral más que nunca.