Opinión
El hombre invisible
Por Ciencias
LAS 30 Y UNA NOCHES // CARLO FRABETTI
* Escritor y matemático
Tras liberar al consabido genio encerrado en la consabida botella, el consabido pescador dijo:
–Tengo derecho a que me concedas un deseo.
–Cierto –admitió el genio–. Pídeme lo que quieras.
–Quiero volverme invisible –dijo el pescador.
El genio le concedió el poder de volverse invisible, y el hombre se frotaba las manos pensando en todos los lugares prohibidos en los que podría colarse sin ser visto. Pero no le sirvió de mucho su anhelado don, pues ser invisible equivale a ser transparente. Y al volverse transparentes los ojos del pescador, la luz pasaba a través de ellos sin impresionar las retinas, que dejaron por tanto de capturar las imágenes para enviarlas al cerebro.
Demasiado tarde, el hombre invisible descubrió que la invisibilidad conllevaba la invidencia.
–“El ojo que ves no es ojo porque tú lo veas, es ojo porque te ve”, dice Machado. Pero si no lo ves, no te ve.