Opinión

Humor, inteligencia y ternura: Kurt Vonnegut, MM

Por Alberto Sicilia

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Quiero hablarles de mi tío Alex, que era el hermano de mi padre. [...] Su principal queja sobre otros seres humanos era que no se dan cuenta de los momentos en los que eran felices. Cuando éramos niños y en verano bebíamos limonada bajo un manzano, el tío Alex interrumpía la conversación para decir, "Si esto no es maravilloso, ¿qué lo es entonces?". Lo mismo hago yo ahora, y mis hijos y  nietos. Y les solicito a ustedes que por favor se den cuenta cuando son felices, y exclamen o murmuren o piensen "Si esto no es maravilloso, ¿qué lo es entonces?".

Más de una vez me pregunté cuál es mi hogar. He llegado a la conclusión de que mi hogar es Indianápolis cuando tenía nueve años. Tenía un hermano, una hermana, un gato, un perro, una madre, un padre, tíos y tías. Y no hay manera de volver.

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Demasiadas personas necesitan recibir el siguiente mensaje: "Siento y pienso igual que tú, me preocupan las mismas cosas que a tí. No estás solo".

Desearía que quienes se supone se quieren, dijesen cuando se pelean: "Por favor, un poquito menos de amor, y un poquito más de decencia".

El humor puede ser muy noble. La risa es tan honorable como las lágrimas. Risas y lágrimas son, ambas, respuestas ante la frustración y el cansancio, a la futilidad de pensar y de seguir luchando. Personalmente, prefiero la risa, porque deja menos que limpiar y así puedo volver a pensar y a seguir luchando más rapidamente.

- Odias América, ¿verdad?, me preguntó.

- Eso sería tan estúpido como amarla, dije. Quizás es un defecto en mi personalidad, pero no puedo pensar en términos de fronteras. Esas líneas imaginarias son tan irreales como las hadas y los duendes. No creo que puedan marcar el límite de nada importante para el alma humana. Vicio y virtud, placer y dolor ponen sus fronteras donde les apetece.

Sólo contaba una cosa: el territorio soberano de nuestra nación de dos. Y cuando esta nación dejó de existir, me convertí en lo que hoy soy, un apátrida.

No soy Cristiano, ni Judío ni Budista. Soy Humanista, lo que significa que trato de vivir con decencia, sin esperar ninguna recomenpensa ni castigo cuando muera. Mis ancestros alemanes se llamaban "Librepensadores", que viene a ser lo mismo. Mi tatarabuelo, Clemens Vonnegut escribió: "Si lo que dijo Jesus está bien, ¿qué más da que fuese, o no, hijo de Dios?".

El mensaje más importante de cualquier crucifijo es, en mi opinión, cuán absolutamente crueles pueden ser los seres humanos cuando son guiados por una autoridad superior.

Cuando era un joven recluta en España, solía preguntarme porqué los soldados hincaban su bayoneta en obras de arte, disparaban a la nariz de las estatuas o cagaban sobre los pianos más hermosos. Ahora lo entiendo: para enseñar a los civiles el más profundo respeto por los hombres en uniforme - el miedo incontrolable.

Las guerras serían mucho mejores si los soldados se dijesen de vez en cuando "Dios mío, no voy a hacerle eso al enemigo. Es demasiado".

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En este viaje tuve la suerte de entrevistar a Adolf Hitler. Me gratificó saber que siente remordimientos por sus acciones, que seguramente, tienen algo que ver con la muerte de 35 millones de personas en la Segunda Guerra Mundial. [...] Hitler desea que se levante un pequeño monumento en su memoria en la sede de las Naciones Unidas en Nueva York. Debería inscribirse, él dice, su nombre y las fechas 1889-1945. Debajo debería ir una corta frase en alemán, “Entschuldigen Sie”, que traducido, viene a decir "Disculpen".

En mi último viaje, intenté entrevistar a William Shakespeare, pero sólo me dijo que el dialecto que yo hablaba era el inglés más repugnante que jamás había escuchado.

Esta es la única de mis novelas cuya moraleja conozco. No digo que la moraleja sea ingeniosa, simplemente que la conozco: somos lo que pretendemos ser, así que, mejor ser cuidadoso con lo que uno pretende ser. [...] Ahora que lo pienso, hay otra moraleja: cuando estás muerto, estás muerto. Y se me ocurre una tercera: haz el amor cuando puedas. Es bueno.

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Decir que era escritor, quiere decir que las demandas del arte eran suficientes para hacerle mentir sin ver ningún daño en ello. Decir que era dramaturgo es ofrecer al lector una advertencia más severa, pues nadie es mejor mentiroso que un hombre que ha moldeado vidas y emociones en algo tan grotescamente artificial como un escenario.

Practicar un arte, y no importa lo malo que seas, es una manera de hacer crecer tu alma. Canta en la ducha. Baila la música de la radio. Cuenta un chiste. Escribe un poema a una amiga. Hazlo tan bien como seas capaz. Obtendrás una enorme recompensa: habrás creado algo.