Opinión
Iberdrola: el precio es lo que importa
Por Vicente Clavero
A pesar de las maniobras de IGNACIO SÁNCHEZ GALÁN para entorpecer el asalto que había urdido ACS con la complicidad de EdF. A pesar de los recelos que despierta el hecho de que uno de los sitiadores esté bajo el control de un Estado extranjero. A pesar de los contactos que han menudeado en las últimas semanas con el objetivo de buscar una solución nacional a la reordenación del sector eléctrico. A pesar de todo ello, la venta de Iberdrola, a día de hoy, es básicamente una cuestión de precio.
El propio Sánchez Galán ya lo insinuó a mediados de febrero cuando le espetó a sus colaboradores más cercanos: “Mientras no aparezca un tío dispuesto a poner 100.000 millones de euros sobre la mesa, podemos estar tranquilos”. Con esa tajante expresión, el presidente de Iberdrola, en el fondo, no hizo otra cosa que revelar lo que, en su opinión, costaría hacerse con la empresa después de añadirle una notable prima, pues la capitalización bursátil de Iberdrola y Renovables ronda los 70.000 millones.
Anteayer, en la rueda de prensa habitual en vísperas de la junta de accionistas, Sánchez Galán, fue más cauto. Delante de dos centenares de periodistas reunidos para la ocasión en Bilbao, se negó a aventurar el desembolso que debería realizar un eventual comprador. “No seré yo quien dé una cifra porque igual vale más”. Luego añadió: “Desconozco si hay alguien en el mercado con recursos suficientes para tomar Iberdrola; pero ACS, desde luego, no”.
La falta de músculo financiero fue precisamente lo que animó a los dueños de la constructora (la familia MARCH, los ALBERTOS y FLORENTINO PÉREZ) a buscar el apoyo de un gigante de la envergadura de EdF, capaz de zamparse por sí solo a la eléctrica española y casi lo que le echen. Un apoyo que despertó los recelos de Sánchez Galán, que hasta entonces se había tomado a humo de pajas el interés de ACS por una operación corporativa entre Iberdrola y Unión Fenosa, de la que es socio de referencia.
La aparición de los franceses, después de la sorpresa inicial, empezaron a verla ladinamente algunos socios como la posibilidad de sacarle un buen pellizco a su participación Iberdrola, aunque no sin antes resistirse como gato panza arriba para subir el precio. Y, digan lo que digan, en eso andan empeñados desde hace algún tiempo.