Opinión
Idealistas y pragmáticos
Por Eugenio García Gascón
La política exterior americana de las últimas tres décadas, y más concretamente desde la revolución iraní de 1979 ha estado claramente marcada por un conflicto entre idealistas y pragmáticos, con la victoria de los primeros, que partieron desde una posición de desventaja pero impusieron sus puntos de vista durante el mandato de Reagan, y luego han ido consolidándolo, con algunos paréntesis, durante los sucesivas administraciones republicanas y demócratas.
El impulso que el idealismo recibió durante el periodo neoconservador de Bush hijo ha marcado también el periodo Obama. Aunque es cierto que al principio parecía que Obama iba a cambiar la dirección con respecto a Oriente Próximo, la realidad de los últimos años indica que no ha podido hacerlo y que el impulso idealista sigue siendo el norte de la política americana.
Baste pensar en que el idealismo de Bush hijo, tan distinto del pragmatismo de Bush padre, ha perdurado con el último relevo en la Cssa Blanca. La inercia era muy fuerte y Obama, a pesar de retirar las tropas de Irak, no se pudo resistir a mantener la misma política. No obstante, ese idealismo ahora se aplica a todo el mundo árabe, con el deseo frenético de exportar la democracia a unas sociedades que, por lo que vamos viendo, no están preparadas para el experimento.
La única potencia que aplica el pragmatismo en Oriente Próximo es Israel, pero lo hace sin referentes morales, como señalan casi todos los árabes, y no solo los árabes, arrasando el terreno que pisa y contando para ello, paradójicamente, con el apoyo incondicional de Estados Unidos. Con esta política, Washington no puede granjearse la simpatía del mundo árabe.
En lugar de dejarse arrastrar por Israel, Obama debería tratar de resolver los problemas de la región que son susceptibles de solucionarse, como la pobreza o el conflicto palestino, y dejar a un lado las ideas grandilocuentes que acariciaron y acarician los neoconservadores aliados de Israel.
En lugar de concentrarse en Irán, Obama debería obligar a Israel a abandonar los territorios palestinos y sirios ocupados. Solo este hecho le acarrearía más amistades en la región que todos sus intentos, hasta ahora fallidos, de exportar la democracia al elevado coste que se está haciendo, y no solo en Irak.
Isaiah Berlin decía que no todo lo que había en Occidente era exportable al tercer mundo. "Dar libertad de transporte a quien no tiene dinero para comprarse un billete de autobús no es razonable", decía Berlin.