Opinión
In Camps we trust
Por Javier Vizcaíno
Inclinó la cerviz Mariano Rajoy y aceptó el pulpo valenciano como animal de compañía impuesta en las listas electorales. Complacida, La Razón le regala un caramelito consolador al de Pontevedra. “Camps, decisión acertada”, titulaba su editorial lleno de detergente blanqueador: “Un auténtico proceso inquisitorial que ha buscado una condena pública y el descrédito de Camps entre los ciudadanos, lo que obviamente no ha conseguido. Después de una montaña de titulares e intoxicaciones varias, las pruebas han desmontado el proceso hasta tal punto que, si no se tratara de un procedimiento con una intencionalidad política, el Ministerio Público habría retirado con seguridad la acusación”.
También fregona en mano, Guillermo Dupuy abrillantaba en Libertad Digital al de los trajes. “Camps sobrevive a la cacería”, titulaba una loa que contenía este recadito: “Al final, los medios de comunicación se han creído sus propios lios, por lo que no nos debemos extrañar de que vean como cesión lo que no es, por parte de Genova, sino confirmación de Camps”. Eso lo debía decir por su propio periódico, en cuyo editorial leíamos: “El PP ha optado por mantenerle, pero haciendo como si en realidad no quisiera. Como haría quien desea cesar a un barón regional pero no se atreve siquiera a intentarlo por miedo a salir herido en la refriega”.
El Mundo, español ejemplar
Menos receptivo a la componenda, el editorialista de El Mundo advertía: “Rajoy va a llevar una piedra colgada al cuello en unos momentos en los que necesitará de toda su capacidad de maniobra para resolver los problemas de España”. Si sabrá de los problemas esos el periódico de Pedro Jota, que ayer se autohomenajeaba por el premio Español Ejemplar que le ha concedido la ultra Denaes (Defensa de la Nación Española). He aquí los meritos: “El compromiso de este rotativo con la unidad de la nación española, por la defensa de la lengua común y de las libertades individuales”. ¿Sólo? No, también por esto: “Las implacables críticas a los nacionalismos separatistas y a los estatutos de autonomía disgregadores”.
Detengan las rotativas, que por fin sabemos quién alienta las revueltas populares del mundo árabe: el mismísimo Juan Pablo II. Es la tesis espolvoreada en el último delirio de Hermann Tertsch en ABC: “Las nuevas generaciones árabes han aceptado el reto. Obedecen, sin saberlo, a aquellas consignas de Wojtila. Ni tienen miedo ni se resignan”. Ahí queda eso.