Opinión
El Infierno
Por Antonio Caballero
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La burla es fácil. Un presidente de Estados Unidos que tiene dos guerras entre manos y –a la vez que abandona un país que su ejército acaba de destruir, Irak, aumenta la destrucción en otro, Afganistán– sin embargo se da el lujo de recibir sin pestañear el Premio Nobel de la Paz que le ofrece una Academia de enloquecidos noruegos. Por bastante menos, Jean-Paul Sartre rechazó en sus tiempos el de Literatura.
Pero Barack Obama aprovechó la ocasión para soltar uno de sus buenos discursos, pues es, como sabemos, un excelente orador. No echó un discurso vacío y meramente académico, ni tampoco un discurso simplemente político para ganar aplausos de los extranjeros o apoyos en su propio país, sino un discurso de ambición filosófica. De autojustificación, claro, y, de paso, de justificación de la Academia que le concedió el premio pese a sus pocos méritos. Pero, sobre todo, de justificación de la guerra.
Recordó, para empezar, que él es “el comandante en jefe” de su país. Y en esa calidad explicó que “los instrumentos de la guerra juegan un papel en la preservación de la paz”. Es el viejo aforismo latino: si vis pacem para bellum (si quieres la paz, prepara la guerra). Un aforismo que le sirvió a Roma para justificar su conquista del mundo “en defensa propia”, como señaló con sorna el historiador inglés Edward Gibbon comentando las historias patrióticas del historiador romano Tito Livio.
Pero Gibbon era, con el apenas naciente imperio británico, tan patriota como Tito Livio con Roma. Y Obama es con respecto a su propio imperio tan patriota como Gibbon, con el agravante de que no es sólo un historiador como los otos dos, sino nada menos que el comandante en jefe. El meollo del asunto es ese: a Obama le parecen “justas” las guerras de su patria, y está convencido de que se hacen en defensa propia.
Porque, como señaló a continuación, “no hay que equivocarse: el Mal existe en el mundo”. El Mal, con mayúscula, como en el “Eje del Mal” de George W. Bush o en el “Imperio del Mal” de Ronald Reagan. El Mal es, para Barack Obama, la violencia ajena: la de los talibanes en Afganistán, la de Al Qaeda desde sus cavernas en Pakistán. Violencias que, por supuesto, para los talibanes o los seguidores de Osama bin Laden son propias y, en consecuencia, justas. El Mal, para ellos, también existe en el mundo: pero se encarna en Estados Unidos, en ese “Gran Satán” de que hablaba el Ayatolá Ruhola Jomeini.
Con lo cual volvemos a Jean-Paul Sartre: “El Infierno son los demás”.