Opinión
Una inoportuna operación para Ferrovial
Por Vicente Clavero
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Aunque le permitirá darle un tajo a su cuantiosa deuda, para Ferrovial no ha sido plato de buen gusto la venta del aeropuerto londiense de Gatwick, el segundo mayor del país, con 34 millones de pasajeros al año. Y menos ahora que el grupo controlado por la familia DEL PINO está empeñado en dejar atrás su perfil constructor para aparecer ante la opinión pública como lo que verdaderamente es: un gran gestor de infraestructuras.
Cuando a primeros de diciembre se materialice la fusión con Cintra, compañía especializada en aparcamientos y autopistas, la actividad tradicional de Ferrovial aportará sólo un tercio de los ingresos y apenas una décima parte del ebitda. Cosa que ya les ocurre a otros antiguos gigantes de la construcción, que hace tiempo sucumbieron también ante el encanto de sectores nuevos para ellos; en la mayor parte de los casos, el energético.
Además de una contrariedad, la venta de Gatwick ha sido onerosa, porque Ferrovial va a recibir del consorcio formado por Crédit Suisse y General Electric un total de 1.657 millones de euros, bastante menos que su valor contable. La duda es si los Del Pino han tenido que vender ahora barato o hace tres años compraron caro, atraídos por la tentadora perspectiva de convertirse en el principal operador del Reino Unido.
Gatwick iba dentro del paquete de BAA junto con cinco aeropuertos más, entre ellos el de Heathrow, por los que Ferrovial y sus socios (la Caisse de Dépôt et Placement du Québec y el fondo soberano de Singapur) pagaron 15.000 millones de euros en 2006. Aquella operación, que nunca gustó demasiado a influyentes medios británicos, pronto empezó a proporcionar fuertes dolores de cabeza, debido a las presiones de las autoridades de la competencia.
Para apaciguarlas y muy a su pesar, Ferrovial puso en venta Gatwick el año pasado, pero ni aún así pudo evitar una resolución desfavorable, que obliga a BAA a deshacerse de otros dos aeropuertos y contra la que aún sigue dando la batalla en los tribunales.
Conflicto de intereses
Uno de los argumentos que con mayor énfasis han puesto sobre la mesa los abogados de Ferrovial es que el regulador no ha tenido en cuenta el posible conflicto de intereses en el que estaría inmerso PETER MOIZER. Este miembro de la Comisión de la Competencia se encuentra entre los accionistas de la empresa propietaria del aeropuerto de Manchester, que aspiraba a quedarse con los despojos de BAA en compañía del grupo canadiense Borealis y que incluso llegó a pujar en su momento por Gatwick.
Otras ventas
Si las razones de su apelación no son atendidas por la Justicia, Ferrovial tiene dos años para enajenar el aeropuerto de Stansted, en Londres, y uno de los dos que posee en Escocia: Edimburgo o Glasgow. BAA ya fue aligerada tras el desembarco del grupo español, que se desprendió de los activos en Hungría y en Australia y de los duty-free, para hacer caja y recuperar parte de la inversión.
Cuestión de precio
La persona que mejor conoce dentro de Ferrovial el negocio aeroportuario es IÑIGO MEIRÁS, que en la última junta fue promocionado a consejero de delegado, en sustitución de Joaquín Ayuso, por expreso deseo de Rafael del Pino. La compra de BAA, sin embargo, la pilotó JUAN BÉJAR, hoy responsable del fondo de infraestructuras de Citi, que llegó a interesarse por Gatwick pero no estaba dispuesto a pagar los 2.500 millones de euros que Ferrovial inicialmente pedía.