Opinión
Israel binacional
Por Eugenio García Gascón
Hay gente, incluidos israelíes y palestinos, que es partidaria de crear un único estado en la Palestina histórica que acoja a los dos grupos, y en este sentido se han manifestado también numerosos intelectuales.
Sin embargo, esta idea me parece impracticable por muchos motivos, principalmente porque los judíos, con sus dirigentes a la cabeza, no desean compartir el estado con nadie, y mucho menos con una mayoría gentil. Además, hay un elevado número de palestinos que no han olvidado el cataclismo que les causaron los judíos en 1948, y en estas circunstancia la convivencia en un estado binacional sería en la práctica inviable.
Donde existe una contaminación exagerada de nacionalismo o de religión, es extremadamente difícil, sino imposible, practicar la democracia, y esto es exactamente lo que ocurre por estos parajes, donde no solo hay un exceso de nacionalismo sino también de religión, y donde estos dos elementos campean a sus anchas por casi todas partes.
En estas circunstancias, puede parecer paradójico que Israel siga expandiendo su presencia en los territorios ocupados día a día y hora a hora, lo que en principio está en contradicción con la solución de los dos estados, que parece la más razonable.
Pero el fin de esta expansión es quedarse con la mayor cantidad de tierra posible, si es que alguna vez hay un "acuerdo" que interese a Israel. La falacia de que las dos partes "deben entenderse" debería sustituirse por la aplicación de las leyes y acuerdos internacionales pero la comunidad internacional, siempre con los brazos cruzados, juega a favor de Israel.
Binyamin Netanyahu dijo el miércoles que Israel "necesita llegar a un acuerdo de paz con los palestinos que evite convertir Israel en un estado binacional".
Ciertamente el simple hecho de pensar en esa posibilidad causa horror a los israelíes judíos, de ahí que es probable que algún día se avengan a crear el estado para los palestinos, pero mientras tanto van demorando todo con el fin de quedarse con más tierra, ya que, como decíamos, la comunidad internacional lo consiente.