Opinión
Jerusalén
Por Eugenio García Gascón
Mientras Binyamin Netanyahu dice que quiere "negociar" la paz con los palestinos, la política de Israel hacia los territorios ocupados sigue siendo de expansión en todos los sentidos.
En las últimas 24 Israel ha desvelado un plan para construir un tendido ferroviario de 473 kilómetros en Cisjordania, que es ilegal pero que los israelíes se proponen llevar adelante con el consentimiento tácito, aunque haya algunas protestas inútiles, de la comunidad internacional.
La consolidación de la ocupación se lleva adelante contra viento y marea, también en Jerusalén oriental, donde las autoridades de la ocupación han comenzado a distribuir un nuevo modelo de tarjetas de identidad a los palestinos.
Jerusalén fue ocupada en 1967 y poco después fue "anexionada" a Israel. En teoría, los palestinos de Jerusalén son israelíes y tienen "derecho" a obtener documentación israelí, aunque la inmensa mayoría la rechaza porque rechaza la ocupación.
Las nuevas tarjetas que Israel está distribuyendo entre los palestinos indican que éstos son "residentes" en Jerusalén, y no "ciudadanos" de Jerusalén, como ocurría hasta ahora. Y además indican que las tarjetas tienen una validez limitada de solo diez años.
Lógicamente, las nuevas tarjetas han suscitado honda preocupación entre los palestinos, que temen que dentro de diez años Israel recurra a cualquier pretexto para retirarles la documentación, a pesar de que ellos viven en Jerusalén desde hace siglos o milenios.
Los más preocupados son los palestinos que residen más allá del muro que Israel ha levantado entorno a la ciudad. A este grupo pertenecen más de 100.000 personas que por diversos motivos viven del otro lado del muro, por ejemplo debido a la escasez de viviendas para los palestinos en Jerusalén, puesto que Israel construye sin desmayo para sus colonos pero no da permisos de construcción a los palestinos.
La discriminación que sufren los palestinos, tanto de Jerusalén como del resto de Cisjordania, es enorme, en casi todos los sentidos, y nadie vela por sus intereses. Mientras, la comunidad internacional permanece con los brazos cruzados.