Opinión
Estado judío
Por Eugenio García Gascón
Una de las condiciones que el primer ministro Binyamin Netanyahu exige cada vez con más fuerza es que los palestinos reconozcan el carácter judío de Israel.
Hasta ahora los palestinos se han opuesto a esta demanda pero es posible que la enorme presión de Estados Unidos les obligue a cambiar de postura.
Hace unos días el negociador Mohammed Shteyeh ofreció varios argumentos para justificar la negativa, incluido el de que lo que busca Israel es negar la historia musulmana y cristiana de Palestina, y justificar la discriminación.
Se trata de una discusión bizantina que indica que Israel ya no sabe qué pedir para alargar las negociaciones de manera que pueda seguir expandiendo las colonias judías en los territorios ocupados, incluida Jerusalén.
De hecho, Israel siempre ha sido un "estado judío" que ha discriminado de modo palmario a los ciudadanos que no lo son.
En un artículo aparecido ayer en Haaretz, Sefi Rachlevsky denunció la actitud del gobierno israelí en este asunto diciendo, entre otras cosas, que el carácter judío de Israel es en realidad una definición que combina aspectos "raciales y religiosos".
Ciertamente esto no podría darse en ningún país democrático, pero sí en Israel, donde la "democracia" está claramente sometida a aspectos "raciales y religiosos".
El artículo viene a cuento de las declaraciones que esta semana ha hecho Eli Ben-Dahan, un rabino y político de la Casa Judía que es viceministro de Asuntos Religiosos, quien ha dicho que "el alma de los judíos siempre es más elevada que la de los gentiles".
Rachlevsky responde que esa no es la opinión particular de Ben-Dahan sino que "es la fe de este régimen", en referencia al gobierno de Netanyahu.
También recuerda que los matrimonios entre judíos y no judíos "están prohibidos", que generalmente no se da la nacionalidad "a nadie que no tenga una conexión de sangre o racial con con la raza judía", que "en la capital de Israel los judíos son ciudadanos mientras que los que no son de raza judía no lo son", o que "la propiedad de la tierra está determinada por la raza y la religión". Y esto es solo la punta del iceberg.
Estas cuestiones ciertamente no serían posibles en ningún estado democrático y son las que convierten a Israel en "estado judío" de facto, digan lo que digan los palestinos, ya que los europeos y los americanos, tan sensibles a los derechos humanos en otras partes, no dicen nada, en lugar de exigir el mismo respeto hacia todos los ciudadanos del estado.