Opinión
Lenguaje y tecnología
Por Ciencias
-Actualizado a
ORÍGENES // JOSÉ MARÍA BERMÚDEZ DE CASTRO
* Director del Centro Nacional de Investigación sobre Evolución Humana, Burgos
La aparición de lenguaje en la evolución humana es una de las incógnitas más elusivas en las investigaciones sobre nuestros orígenes. Se han realizado estudios anatómicos por algunos especialistas, cuyas conclusiones no han llegado a convencer a toda la comunidad científica. Podemos, sin embargo, enfocar el problema desde ópticas más indirectas, tal vez tampoco convincentes para todos, pero con una lógica que nadie puede rechazar. Por ejemplo, podemos analizar lo que nos dicen las evidencias de la tecnología de los homininos.
El achelense (Modo 2) es una manera revolucionaria de construir herramientas, que aparece por primera vez hace 1,6 millones de años con la especie Homo ergaster. Con el achelense se puede inferir primera vez en la evolución de los homininos la capacidad cognitiva de estandarización de los utensilios. Esta habilidad está relacionada con el mantenimiento de las ideas en la mente, relativas a la obtención de formas determinadas y a la asociación de forma y función. Cada herramienta puede tener varias funciones, pero su potencialidad es diferente en cada uno de los denominados “estándares operativos” (bifaces, picos, hendedores...).
Asimismo, en el achelense se infiere una mayor capacidad de planificación. Ya no sólo importa la materia prima, sino el tamaño del núcleo, así como el tamaño y la naturaleza del percutor (piedra, hueso, asta..). La secuencia y la potencia de los impactos es determinante en el éxito de la operación. Este aspecto nos lleva a plantear el inicio del funcionamiento de las áreas de Broca y Wernicke, necesarias en el Homo sapiens para entender la lectura, construir la sintaxis de la palabras y escribir textos, hablar de manera correcta y entender lo que otros nos dicen. La fabricación de herramientas del Modo 2 contiene un código de información en el que se infieren una lógica y una secuencia ordenada de impactos, que sólo es posible con el funcionamiento de áreas cerebrales implicadas en transmitir órdenes de esa naturaleza.
Se podría incluso especular con la posibilidad de la existencia en el Homo ergaster de algún tipo de lenguaje capaz de transmitir el conocimiento de las habilidades técnicas. Pero a falta de otras evidencias anatómicas preferimos evitar la especulación y dejar aparte este aspecto tan importante de nuestra evolución. Finalmente, podemos inferir la lateralización del cerebro del Homo ergaster, necesaria para potenciar la habilidad de las manos, bien la izquierda o bien la derecha, así como para explicar la existencia de una verdadera simetría en las herramientas. El concepto de simetría se aprende con la observación de la naturaleza, pero sólo se puede interpretar si el cerebro está lateralizado.