Opinión
Para mala vida, la del toro de lidia
Por Manolo Saco
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Miembros del Partit dels Socialistes de Catalunya (PSC), partidarios de las corridas de toros, giraron una visita a las ganaderías del toro de lidia de Salamanca con el fin de presionar a sus compañeros de partido para impedir que se prohíba la llamada Fiesta en territorio catalán.
Ese movimiento estratégico surge de la posibilidad remota de que el partido conceda en el último momento libertad de voto a cada uno de sus miembros para cuando haya que tomar la decisión definitiva de declarar Cataluña territorio libre de esa representación tan hermosa y artística de la barbarie.
Siguiendo al pie de la letra el guión de la propaganda al uso de los defensores de las corridas de toros, cuentan las crónicas que los cinco socialistas se admiraban de lo bien que viven en las dehesas animales tan bravos y nobles, toda una vida regalada al aire libre, cuyo peaje insignificante a tanto nivel de bienestar es la tortura y muerte final en la plaza, para mayor gloria de pintores como Goya y Picasso, y filósofos (tiene que haber gente pa tó) como Fernando Savater.
No tienen ni idea. Para vida, la del buey japonés de Kobe. Cuando hace frío vive estabulado en granjas que parecen hoteles de cinco estrellas, y con el buen tiempo campan a sus anchas por los prados. El animal de la carne más melosa y exquisita (y más cara, cerca de 300 euros el kilo de solomillo) y de menor contenido en colesterol, recibe varias raciones de cerveza diarias, y constantes masajes antiestrés que ayudan a que su rica grasa se funda y haga más jugosa la carne. De vez en cuando, como parte de los cuidados higiénicos a los que es sometido, su piel disfruta durante horas de “un baño de sake”, un licor de arroz aromático que sirve para desparasitarlo. Y luego, cuando ha alcanzado la edad del sacrificio, recibe una muerte indolora, relajada, como la muerte que quiero para mí.
¿Vida, la del toro de lidia?