Opinión
Un mañana que no llega
Por Amparo Estrada
Buró significa oficina, cracia significa poder, así que burocracia debe significar el poder de la oficina. Antes de dos semanas a partir de hoy, el Gobierno actual dará a conocer un programa de rebajas del poder de las oficinas del Estado, la eliminación de una gran parte de los sinsentidos que han acompañado a la mastodóntica organización burocrática –los arcanos administrativo-legales para todo tipo de trámites– que España ha ido imponiendo a sus ciudadanos desde Napoleón.
Un exhaustivo estudio de Carlos Sebastián –junto con Gregorio Serrano, Jerónimo Roca y Javier Osés–, que será presentado esta semana en la Fundación Ramón Areces, analiza cómo las instituciones han sido la causa fundamental del débil crecimiento de la productividad del trabajo en España. Y con el término “instituciones” se refieren no sólo a las administraciones, las leyes y el mercado, sino también a la conducta de los políticos y funcionarios, el cumplimiento de normas y contratos, los códigos de conducta imperantes en la sociedad…
En España tenemos un problema grave de productividad, que no se debe tanto a la escasa inversión en I+D, como a la propia ineficiencia de los mecanismos administrativos e institucionales que deberían hacer avanzar la inversión tecnológica y mejorar la productividad en su conjunto.
Justicia
Para este estudio, se ha hecho una amplia encuesta entre empresarios de Madrid, Catalunya y Andalucía. Los obstáculos más graves –a juicio de los empresarios– son el funcionamiento de la Administración y de los tribunales de Justicia. Además, el desarrollo empresarial se ve muy limitado por la escasa coordinación en las regulaciones de los distintos niveles de la Administración y por la tramitación de permisos y licencias para nuevas actividades o instalaciones. El clásico y tan manido “vuelva usted mañana” sigue siendo real en España, casi dos siglos después de que Larra lo escribiera en 1833.
Rebajar las cargas administrativas sobre los ciudadanos es indispensable. El Gobierno dice que las va a reducir en un 30%. España es la burocracia más lenta de Europa; triplica el promedio temporal que se tarda en la OCDE en autorizar una empresa. Pero mucho depende de las comunidades autónomas y de los ayuntamientos. Y la administración municipal es la peor valorada. Además, un tercio de los empresarios considera que frecuentemente se producen pagos o favores a políticos y funcionarios por parte de las empresas para facilitar sus gestiones.
Eso por no hablar de si las leyes y normas que promulgan incesantemente las Administraciones son comprensibles. Sólo el 18% de los encuestados considera que son de fácil comprensión e interpretación y sólo el 22% tiene confianza en que las normas sean estables, es decir, que no van a cambiar de improviso vete tú a saber por qué.
El empresario innovador no ha sido modelo de triunfador para la mayoría de la población española. Sí lo era, hasta hace nada, la figura del promotor inmobiliario, quien –como dice Sebastián– es “una versión más del hombre de negocios cercano al poder”, local o nacional, modelo de triunfador social en España durante décadas. Pero ahora esos gigantes con pies de barro se desmoronan. El cambio de modelo productivo al que nos vemos abocados tal vez nos traiga, por fin, un modelo de empresario donde lo admirable sea la inteligencia y la visión de futuro. Esto quiere decir que no se trata sólo de llenar España de parques tecnológicos –como proyecta Industria–, sino de que la sociedad introduzca la innovación en su ADN y de que todos los empresarios y profesionales incorporen de forma eficiente las últimas tecnologías puestas a su disposición por los innovadores.
Y hay más opiniones empresariales reveladoras: sólo uno de cada cuatro encuestados para el estudio cree que ocultar datos a Hacienda es una práctica “frecuente”, mientras que el 38% opina que es “poco frecuente”. Y los empresarios no opinan nada bueno sobre los sindicatos: a algo más de la mitad, les inspiran una confianza “baja”, y las empresas pequeñas son las más desconfiadas. Tampoco opinan nada bueno de partidos políticos y medios de comunicación. Nada bueno ni nada nuevo.
Larra terminaba su artículo, hace casi doscientos años, escribiendo: “¡Ay de ese mañana que no ha de llegar jamás!