Opinión
Una marea intensamente azul
Por Antonio Avendaño
Es como una película de suspense: la crisis ha convertido a los socialistas en unos bañistas amarrados a una pendiente rocosa mientras observan con inquietud cómo sube poco a poco la marea intensamente azul. Las cuerdas les impiden moverse. Aunque sin mucha convicción, todavía dan algún grito de vez en cuando pidiendo ayuda, pero ya no queda nadie en la playa. Su única esperanza es que la marea no sobrepase sus cabezas. Se cuenta que en el pasado otros bañistas ya estuvieron en una situación parecida y al final se salvaron. Eso dicen.
Quienes se encuentran en la franja de rocas más próxima a la arena saben que no tienen muchas posibilidades de salvarse, mientras que los prisioneros inmovilizados en la zona más alta de la ladera no pierden la esperanza de que el agua se detenga antes de alcanzarlos. Es en esta parte más alejada de la playa donde se encuentran los socialistas andaluces. No pueden hacer nada por sus compañeros de abajo. Sólo les resta esperar. Saben que todo lo que sube tiene que bajar, aunque ciertamente no saben cuándo. Nadie lo sabe. Calculan que el 20-N la marea acabará con muchos de sus compañeros de la zona baja, pero confían en que el agua deje de subir de aquí a la primavera. Sería muy raro que una pleamar durara tanto tiempo. Muy raro.
Aunque también se sienten exhaustos, las cuerdas no les ciñen las muñecas tan fuertemente como a sus compañeros de abajo. Quién sabe, tal vez alguno pueda soltarse y liberar a los otros. O tal vez el agua deje de subir en el último momento. Lo han visto en muchas películas y todo el mundo sabe que el mejor cine se inspira en la realidad.