Opinión
Las mayorías y la razón
Por Marco Schwartz
Hace unos días, Casa América invitó a tres periodistas a hablar sobre las elecciones presidenciales de Colombia, en vísperas de la segunda vuelta que enfrentaba Juan Manuel Santos y a Antanas Mockus. Los conferenciantes mantenían, aunque en diversos grados, una actitud crítica con el legado del presidente Álvaro Uribe. Un reconocido intelectual y ferviente uribista que se hallaba entre el público se quejó de la composición de la mesa de expositores con el argumento de que representaban a una “minoría que no tiene la razón”, ya que, explicó, las encuestas otorgan al mandatario colombiano una popularidad arrolladora. El domingo pasado se celebró la segunda vuelta. Santos, heredero político de Uribe, venció con el 69.05% de los votos. “¿Veis cómo no teníais la razón?”, seguramente preguntaría ufano el intelectual a los ponentes si se repitiera la conferencia.
Este episodio merece dos reflexiones. La primera, sobre las elecciones colombianas. Varios diarios madrileños titularon que Santos “barrió”. Según un periódico, ese triunfo lo logró “pese a la alta abstención”. Santos ganó, pero los análisis indican que él fue, precisamente, el mayor beneficiario de la abstención, la cual responde a la enorme desafección de los ciudadanos hacia un sistema político corrupto, injusto y violento que encarna el propio vencedor. Una desafección que Mockus, con un discurso errático y poco ilusionante, no fue capaz de romper. Si se considera el abstencionismo, Santos sólo obtuvo el apoyo del 30% de los colombianos con derecho de voto. Y quien conozca mínimamente la práctica política colombiana sabe que en esa victoria jugó un papel decisivo el control de la “maquinaria” clientelar y también, por supuesto, la percepción de muchos votantes de que la seguridad ciudadana ha mejorado, aunque se haya conseguido a costa de una vulneración sistemática de los derechos humanos.
Segunda reflexión, más genérica: ¿Las opiniones mayoritarias, por serlo, tienen “la razón”? La historia abunda en ejemplos de que la afirmación es discutible. El caso de manual para citar sería el de Hitler, pero hay otros mucho más próximos. como el del ex presidente peruano Fujimori, que disfrutó de una popularidad tan aplastante e incluso derrotó al movimiento terrorista Sendero Luminoso. ¿Tenían la razón quienes apoyaron con entusiasmo a Fujimori?