Opinión

Miénteme

Por Rafael Reig

-Actualizado a

Hace unos días mantuve una larga sesión con un grupo de alumnos de 3º de ESO sobre la necesidad de vivir el pudor. La clase duró casi una hora pero valió la pena. Llegamos a algunas conclusiones: que quien viste provocativamente pretende ser apreciado por lo que su cuerpo ofrece a los demás y no tanto por quién es. Esto significa rebajar a la persona a un simple objeto de placer. El pudor en el vestir nace de la intención de ser amado/a y apreciado/a, por lo que la persona es y no por lo que ofrece su temporal belleza física. La persona que viste con pudor es más hermosa. El pudor es una torre de defensa para la fidelidad. Es un muro protector que nos resguarda más de lo que podamos imaginar. El pudor no es temor a la desnudez, es respeto al cuerpo que Dios nos dio. Acabé con la idea de no haber perdido la clase, y es que, cuando a los jóvenes se les ayuda a reflexionar, casi siempre lo hacen bien.

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