Opinión
Mirar cosas
Por Público -
-Actualizado a
La televisión de Corea del Norte mostró las impresionantes manifestaciones de duelo del pueblo norcoreano por la muerte de Kim Jong-il, quien fue su “querido líder” durante los últimos quince años. “Querido líder” no era un apodo popular cariñoso, como pudo serlo en otros tiempos el de “deseado” que se le dió al rey Fernando VII en España. “Querido líder” era el título oficial de Kim Jong-il. El cual era por otra parte y secundariamente, líder supremo, presidente de la Comisión Militar Central, secretario general del Partido de los Trabajadores y comandante supremo del Ejército Popular de Corea: todo ello en calidad de hijo y sucesor de Kim Il-sung, gobernante absoluto del país durante cerca de medio siglo, desde el final de la II Guerra Mundial. Kim Jong-il, sin embargo, nunca fue presidente por la sencilla razón de que su padre, al morir, fue nombrado “presidente eterno”: el cargo no está vacante.
Esto sería risible si no fuera porque es también terrible. Corea del Norte es un pobre país que desde principios del siglo pasado no ha conocido otra cosa que ocupaciones militares –la japonesa primero, la soviética luego–,
y finalmente, tras una guerra civil con su vecina Corea del Sur que dejó dos millones de muertos, una larga dictadura dinástica de partido único respaldada por un Ejército de siete millones de soldados (la tercera parte de la población). Y, sobre ese fondo de tragedia y miseria (la hambruna del l995 al l998 causó un millón de víctimas), ¿qué hacía Kim Jong-il
para ser tan amado por su pueblo?
No se sabe muy bien. Presidía ceremonias. Asistía a desfiles de su inmenso Ejército. Según su biografía oficial, compuso seis óperas. Pero, más que todo, observaba atentamente. Hay en la red un blog titulado Kim Jong-il looking at things (“Kim Jong-il mirando cosas”) que lo muestra, en fotos oficiales publicadas a diario por la Agencia Central de Noticias de Corea del Norte, mirando cosas con el rostro impasible: un desfile militar, la prueba de un cohete balístico, la inauguración de un congreso del Partido de los Trabajadores, una fábrica, un tren, una flor natural, o a su propio hijo y hoy heredero el joven Kim Jong-un, un joven de rostro todavía más inmóvil e inexpresivo que el de su padre, sobre el cual no se sabe prácticamente nada.
Se conoce su título oficial: Gran Sucesor.