Opinión
Los motivos de un aplazamiento
Por Jesús Maraña
A la vista de los últimos sucesos, cabría aplicar a la dirigencia socialista de Madrid lo que el malvado González Ruano decía de la familia Sánchez Mazas: “En esa casa, todos hablan mal de todos y todos tienen razón”. Lo más certero sería concluir que todos tienen “razones”, en plural. Así es la cosa desde los tiempos de Pablo Iglesias. Por eso no es nada fácil la resolución de esta papeleta. Ayer, Zapatero tomó como secretario general del PSOE la misma decisión que hace un mes como presidente del Gobierno. Por resumirlo mucho, no soporta la sensación de que alguien utilice la presión mediática como fórmula para obligarlo a dar determinados pasos en tiempo y forma. Ocurrió con la posible remodelación del Gobierno y ha vuelto a pasar con el debate interno sobre la candidatura del PSOE a las próximas elecciones autonómicas. Zapatero aplazó los cambios en el Ejecutivo porque observó demasiadas prisas en las filtraciones que se produjeron; y suspendió en el último momento la cita de ayer con Tomás Gómez por el mismo motivo, esencialmente. Por supuesto que influyen otros factores, como el hecho de que el entorno del dirigente madrileño proclamara por adelantado que Gómez se negaría a seguir al frente del PSM si no es el candidato. Se supone que una de las mayores virtudes en política es el manejo de los tiempos. Y ningún líder suele aceptar alegremente que sean los propios interesados quienes le marquen el calendario a través de los medios.