Opinión
Las mujeres, ¿menos animales?
Por Ciencias
ZOOLOGÍA PLAYERA // AMBROSIO GARCÍA LEAL
*Biólogo e investigador de la sexualidad humana
Hoy he decidido regalarme una ración de chanquetes en uno de esos chiringuitos playeros barceloneses que ofrecen frituras andaluzas servidas por camareros sudamericanos. En la mesa de al lado, dos parejas conversan sobre el sexo y los sexos. “Las mujeres sois más complicadas; nosotros somos más animales”, sentencia uno de los varones. Alude al tópico de que, antes de irse a la cama con alguien, las mujeres se hacen de rogar, quieren que las cortejen y las seduzcan paso a paso, mientras que los varones obedecen a un impulso más “primario”. Hay de cierto en ello, pero encuentro más que discutible la interpretación de la diferencia entre las conductas sexuales en términos de mayor o menor “animalidad”. Porque hacerse de rogar o someter a los machos a una prueba de aptitud a través de un cortejo es lo que hacen las hembras de la mayoría de especies.
Desenfreno sexual
Por regla general, el sexo femenino es el que más capital arriesga en el negocio de la reproducción. En el caso de los mamíferos, las hembras se encargan de gestar las crías y alimentarlas con leche, mientras que los machos sólo aportan un chorro de esperma. Para asegurarse de que su inversión no caiga en saco roto, ellas deben examinar con lupa a los candidatos. En esto las mujeres no son menos “animales” que los varones (las únicas mujeres cuya conducta sexual se aparta de lo esperable en una hembra mamífera son las ninfómanas y las prostitutas). El desenfreno sexual femenino se correlaciona con la escala evolutiva: las hembras más promiscuas e insaciables se encuentran entre los primates sociales más inteligentes. Desde esta perspectiva, la relativa sobriedad sexual de la Femina sapiens es más un retorno a la ortodoxia mamífera que un triunfo de la humanidad sobre la animalidad.