Opinión
Noticias ladilla
Por Manolo Saco
Todos nos sentimos víctimas, de alguna manera, de esas “noticias ladilla” que se adhieren a los genitales de la actualidad y que no hay manera quitarnos de encima. Ocurra lo que ocurra, la noticia ladilla ocupa todos los espacios. Sucede en la política y en la prensa del corazón. Se llame De Juana Chaos o Paris Hilton. Y lo malo de todo ello es que el picor de la ladilla es tan presente que impide dedicar nuestra atención a sucesos de mayor entidad.
En una de las agencias de noticias de mayor envergadura del planeta, la Associated Press, lo saben y decidieron hacer el experimento de quitarse de encima durante una semana su noticia ladilla, que no era otra que la vida y milagros de la rica (en todos los sentidos) heredera del imperio hostelero Hilton. Una semana de apagón a sus 10.000 abonados, los más importantes medios de comunicación del mundo... y no pasó nada, simplemente dejó de existir oficialmente. Resultó que la niña rica era noticia ladilla porque los medios se habían propuesto expandir la plaga y no por el valor que se le suponía.
Los medios del Partido Popular, con sus dirigentes al frente, están especializados en administrarnos todo tipo de noticias ladilla, sabiamente dosificadas según un calendario de plagas previsto, magnificadas hasta el ridículo, que apenas conseguirían sobrevivir veinticuatro horas si les aplicáramos el apagón propuesto por el experimento de la Associated Press. Son noticias viscerales, de fácil bandera de enganche para creyentes, donde el trabajo de comprensión recae sobre la fe y no sobre el análisis. De esta manera quedan descartados los debates de mayor envergadura como la vivienda, la corrupción urbanística, las deslocalizaciones, la política del agua, el cambio climático, el modelo de estado, y todo eso que ya sabéis.
Para el sábado toca mani otra vez y hay que incendiar los ánimos. Y los mensajes ladilla han de ser claros para ser trasladados a las pancartas sin demasiado esfuerzo intelectual. Dice Rajoy que esta manifestación sí la convoca el PP, con ese fino sentido del humor con que nos sorprende de vez en cuando. Que allí debería estar “la España sensata”, “la gente de bien”, porque no es una manifestación “ni de izquierdas ni de derechas”. No sé por qué la gente de derechas, a excepción de mi madre, tiene tanta aversión a reconocer que es de derechas y disfrazan su ideología con inventos semánticos como “liberales” o “centristas”, concediendo al centrismo el equivocado valor de estar centrado. Porque si son expresiones centristas los improperios que le dedicaron estos últimos días a ZP no quiero ni pensar cómo serían los insultos, cuál su calibre, si estos centristas pertenecieran a la extrema derecha.
En fin, y lo que nos espera.
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Primera meditación para hoy: En Madrid, la Consejería de Educación tuvo que cerrar cautelarmente una guardería infantil, que más que como guardería propiamente dicha funcionaba como centro de tortura de niños, un pequeño guantánamo en el que, entre otros suplicios, se obligaba a los niños incontinentes a tragar sus propios vómitos. Se llamaba «El borreguito azul», azul, como la camisa nueva que tú bordaste en rojo ayer. Y coincidiendo en el tiempo, los herederos de aquel otro borreguito que puso de moda en España durante décadas la camisa azul que tu bordaste en rojo ayer vomitaban por la esquinas todos los insultos posibles contra el gobierno democrático, en el que no faltó el de «anticristo». Ayer supimos por Pepe Blanco, la seño del PSOE, que su partido piensa hacerles tragar todos sus vómitos en una próxima Comisión de Interior del Congreso, recordándoles a los del PP las excarcelaciones, beneficios penitenciarios, acercamientos de presos y cesión ante el chantaje cuando intentaron abreviar el secuestro de Ortega Lara. Vais a ver cómo la Consejería de Educación madrileña acaba cerrando también el Parlamento y le aplica un correctivo a Pepiño Blanco por tortura, por hacerle tragar a Rajoy todos los vómitos de la última semana.
Segunda meditación: PSOE, IU y CiU han encontrado un resquicio legal, con la reforma de la ley que regula el Tribunal Constitucional, para prorrogar hasta diciembre el mandato de la presidenta del tribunal que caducaba en el verano. El escenario quedaría así: si prospera la recusación presentada por la Generalitat contra el magistrado conservador Rodríguez-Zapata, las fuerzas quedarían nuevamente equilibradas en su punto de partida, es decir, con el voto de calidad progresista de la presidenta para deshacer el previsible empate en el asunto del Estatut. Queda así desmantelada la estrategia de la bancada conservadora que pretendía dilatar el fallo para después de la marcha de María Emilia Casas, a quien, según los actuales estatutos, debería sucederle el magistrado de más edad, precisamente uno de los conservadores. Una triquiñuela contra otra, como lo fue la recusación de Pérez Tremps. Lo que hay que estudiar.