Opinión
De nuevo, la tregua-trampa
Por Javier Vizcaíno
En su proverbial indocumentación, el lanzador de pedruscos verbales bautizaba Brian “Curry” -seguramente como homenaje a su gemela de ideas, Encarnación Valenzuela- al promotor de la iniciativa, que realmente se apellida Currin y lleva tres meses vendiendo su moto por estos pagos. Pero el soflamador del pijama a rayas no es hombre de detalles. Lo suyo es el trazo grueso y el piñón fijo. Da igual Curry que Currin... o Carrillo. “Y hablando de asesinos, da gusto ver como Santiago Carrillo, en su día héroe de la transición y hoy héroe del zapaterismo guerracivilista, se lanza al cuello de la oposición y defiende a quienes lo han erigido en adalid de la mentira histórica, auténtico caballo de batalla del caudillo vallisoletano que se creía leonés”, completaba su descarga de bilis Tertsch.
Si Batasuna condena, es mentira
Se nota, se siente: la tregua-trampa está presente. Apunten la consigna, porque los que viven del conflicto infinito la han desempolvado ante el riesgo de tener que buscarse otro filón. Iñaki Ezkerra, que, a falta de otros talentos, lleva trienios amorrado a esa ubre, barrunta que si Batasuna condena el terrorismo, se le acaba el momio. Y, como dejó claro en La Razón, por ahí no pasa: “¿Qué pasa si nos encontramos con una Batasuna o una marca blanca de ETA que condena el terrorismo con una sonrisa mientras la banda sigue asesinando? ¿Va a tener escrúpulos para mentir quien no los tuvo para matar? ¿Sería una conquista democrática lograr que Drácula condene el derramamiento de sangre?” No, simplemente sería lo que llevamos años exigiendo que hagan.