Opinión
Otegi ameniza la espera
Por Juan Carlos Escudier
Para hacer más llevadera la espera de ese comunicado que no acaba de llegar nunca, Otegi ha respondido a un cuestionario de The Wall Street Journal, el periódico del jefe de Aznar, en el que adelanta que ETA está preparada para abandonar la violencia, lo cual constituye un paso más en ese cansino maratón hacia el final del terrorismo que empieza a resultar bastante aburrido. A Otegi hay que escucharle con reservas ya que es sólo el secundario de una obra que parece protagonizar el dirigente de LAB Rafael Díez Usabiaga, quien además de cuidar de su madre, está sacando tiempo para rodar discretamente el desenlace de esta película de miedo. Parece que el asunto llevará su tiempo.
Por mucho que Otegi anuncie próximos acontecimientos que presionarán al Gobierno a modificar su actitud de esperar y ver, se hace difícil creer que ETA vaya a tomar la decisión de abandonar las armas de forma unilateral sin que medie alguna promesa de negociación política. Esta contrapartida, que podría haber sido contemplada en el pasado, ha dejado de tener sentido por múltiples razones. No se trata sólo de la desconfianza hacia una organización que dinamita sus treguas sino del convencimiento de que la partida está ganada. ETA está amortizada y ni la propia izquierda abertzale está dispuesta a cargar con una losa tan pesada.
Más que una rendición sin condiciones, cabe esperar una lenta agonía. Hay motivos para el optimismo porque ETA y Batasuna tienen hoy estrategias diferentes y manejan tiempos distintos. Inevitablemente, romperán amarras. El independentismo es una opción política legítima que no puede quedar secuestrada a mano armada por la resistencia de quienes siguen creyéndose la vanguardia del pueblo vasco, infinitamente hastiado de estos anacrónicos gudaris.
Sería aventurado decir que el ansiado comunicado de la banda volverá a defraudar las expectativas, aunque lo más probable es que así sea. Una organización terrorista dispuesta a disolverse no roba material informático para falsificar pasaportes. Lo sabe el Gobierno, que está actuando con la inteligencia que no tuvo en anteriores ocasiones. No ha de tener prisa en acelerar lo inevitable. La fruta madura termina por caer sin necesidad de agitar el árbol. A veces, basta con que una simple ráfaga de viento mueva las hojas.