Opinión
El Papa ya sabe quién es el culpable de la crisis
Por Manolo Saco
Con tanto despilfarro en la contratación de futbolistas galácticos me prometí un día, en un arranque de solidaridad con la clase obrera, que antes me hacía católico que del Real Madrid de los multimillonarios. Lo que ya es prometer. Y como soy hombre de palabra, quise comenzar mi conversión con la lectura de la última encíclica del Papa Benedicto XVI, “Caritas in Veritate”. Hombre, me dije, además por fin se dedica a hablar de la crisis y de los desalmados que la han provocado. ¡Qué lectura mejor para una inmersión en el espíritu del Evangelio!
Quizá se deba a mi falta de entrenamiento pero, después de una atenta lectura, debo reconocer que no he comenzado con buen pié: todavía no sé quienes son los malos. Ratzinger parece que sí los tiene localizados, y achaca la crisis a “referencias egoístas” en el mercado. ¿Quiénes son los egoístas? No se sabe, pero como tiene clientes tanto entre los banqueros como entre los fieles más hipotecados, por educación y estrategia no quiere ponerse a mal con ninguno de ellos.
Es el lenguaje de la Sibila, la profetisa de la mitología romana y griega, que Miguel Ángel le coló al Papa Julio II entre los profetas de la bóveda de la Capilla Sixtina: tal es el amor de los Papas por hablar como las Sibilas que le permitió al artista la broma de perpetuar una figura tan pagana entre los cinco profetas más emblemáticos de las Sagradas Escrituras.
Cuando Juan Pablo II, el antecesor del Papa nazi, voló a principios de los ochenta para bendecir y dar la comunión a todos los dictadores asesinos de Latinoamérica, sin olvidar ninguno, como ahora han hecho sus obispos en Honduras, llevaba también él su mensaje sibilino de consuelo a los pobres desheredados y de apoyo a los ricos que los habían empobrecido y desheredado. Pura filigrana política y conceptual.
Nunca olvidaré la imagen de aquel Papa, apoyándose para besar la tumba del obispo Romero de El Salvador, el obispo de los pobres asesinado por un escuadrón de la muerte de la extrema derecha terrateniente, mientras en su muñeca brillaba el reflejo hiriente de un Rolex de oro.
Es la bendición más sibilina que se me puede ocurrir: una mano volandera que bendice a los pobres, mientras va dibujando en el aire la señal de la cruz, acompañada del esplendor de una anillo de oro en un dedo y un rolex, también de oro, en la muñeca. ¿Para qué querrán tanto reloj si tienen parada la hora en la Edad Media?
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Meditación para hoy:
Como bien insinuaba ayer Platón en el comentario 105 (y digo yo…¿ahora SI le han regalado los trajes a Camps? pero si por tierra mar y aire ha clamado que se los pagaba el solito!), parece que la estrategia nueva del PP es ir admitiendo que, bueno, sí, una mierda de trajes, un regalo inocente… como las anchoas que regalaba Revilla a Zapatero… y a Camps y a Rajoy. Después de haber mentido tercamente diciendo que se los pagaba de su bolsillo, bueno, de la caja de su mujer, ahora va a resultar que la consigna es que Camps es tan solo un mentirosillo, que apenas ha cometido una falta, y que eso le ocurre a cualquiera.
No es que el PP actúe con una doble moral, sino con un doble inmoral. En fin…