Opinión
¡Paso al reformador!
Por Javier Vizcaíno
Loor y gloria en La Razón al patrón de patronos. Portada a todo gas junto a un solícito Alfonso Ussía, ocho páginas en el interior y, por supuesto, editorial en decúbito prono: “[Juan] Rosell contribuye con respuestas en un contexto donde han sobrado frustración y desconfianza. Aporta un valor añadido, derivado de sus principios liberales, su capacidad para el acuerdo y su sentido común. Esperamos y deseamos que el Gobierno y los sindicatos sepan estar a la altura necesaria”. O sea, que se le cuadren y le hagan reverencias al baranda de la CEOE.
Y mientras, el de la Moncloa, de sablista de los jeques a ver si rasca unos euros para los liderados por Rosell. ¿Para ellos? El editorialista de Libertad Digital se huele gato encerrado: “Valiéndose de su condición de primer ministro del Gobierno de España está ejerciendo de algo parecido a un representante de comercio de sus empresas afines. El clásico capitalismo de amigotes al que el rojo Zapatero y los suyos son tan aficionados”.
Aficionados a eso y a cosas mucho peores, tercia desde ABC Hermann Tertsch, que después de un par de semanas flojitas ha vuelto a recuperar el punch: “Zapatero llegó con la intención de quedarse y de abolir, si no 'de iure', sí 'de facto', la alternancia política en España. Por medio de alianzas frentepopulistas y la destrucción de la oposición”. No pasen de párrafo todavía, que quedan los consabidos dos huevos duros: “Ajenos a todo escrúpulo, tienen quince meses de manos libres, pánico y obsesión por impedir que se les hundan el proyecto y el acomodo”.
País de tartamudos
Elijan si prefieren esa versión del apocalipsis o esta otra, firmada en El Mundo por Salvador Sostres. El hombre fue a ver El discurso del rey y sacó -se lo juro- esta conclusión: “Hoy España vive sus horas más bajas porque incluso los que no son tartamudos intentan parecerlo porque igualarse con el más zafio es su idea de liderazgo. No hace falta ni decir que un pueblo así guiado, ante cualquier desafío, sólo puede conocer el fracaso”.
Desde Cope, el predicador mayor ofrece el -nunca mejor dicho- santo remedio para tanta zozobra. La respuesta a todo es Cristo: “Porque sólo en Él encuentran respuesta sus deseos de verdad, de justicia y de felicidad, y su aspiración a construir una sociedad a la medida de la auténtica dignidad del hombre”. ¿Fundamentalismo? Qué va, eso sólo lo hay en el islam.