Opinión
El pensamiento mágico del PSOE andaluz
Por Antonio Avendaño
Las elecciones del 20-N se parecen a la Liga de Fútbol. El PP parece llamado a interpretar el papel estelar del Barcelona o el Real Madrid, mientras que el PSOE tendrá que conformarse con ser cualquiera de los otros equipos perdedores: puede que el 20-N no baje a los socialistas a Segunda División, pero se sentirán como si hubieran bajado. Al menos si se cumplen esos negros presagios en ninguno de los cuales el PSOE está a menos de 15 puntos del PP. Lo que está en juego, pues, el 20-N es por cuánto pierde ese PSOE cuyo electorado intenta reanimar Rubalcaba a base de buenas propuestas que pocos llegan a creerse no porque sean disparatadas, sino por todo lo contrario: porque son lo bastante sensatas y viables como para que el propio Gobierno del que el candidato ha formado parte las hubiera aplicado.
Y si ambos partidos están a esa distancia en el cómputo nacional, el cómputo andaluz es imposible que sea distinto. ¿Qué pueden hacer los socialistas andaluces ante el maremoto que se avecina el 20-N
para que a ellos mismos no los arrase en las autonómicas? Ellos sueñan con escapar al tsunami, pero no acaban de fundamentar tales sueños. Parecen suponer, un poco mágicamente, que los andaluces advertirán al fin lo malísimos que son esos tipos del PP a los que habrían votado sólo cuatro meses antes, se asustarán de que la derecha acumule tantísimo poder y devolverán su confianza al PSOE.
Si hay una posibilidad de que tal cosa suceda en la gran final de la primavera, es muy remota. Y para que de remota pase a lejana y de lejana a probable el PSOE tiene poco tiempo y mucho trabajo. Y de algún modo ya está haciéndolo: las propuestas de regeneración institucional inspiradas en el 15-M y los presupuestos de 2012 indican que el PSOE andaluz ha despertado. Tarde, pero ha despertado. Aun así, no será suficiente. ¿Lo sería adelantar el congreso federal tras el 20-N, dando en ese cónclave un papel estelar a la federación andaluza? Tal vez, pero sigue tratándose de un razonamiento mágico. Es como creer que, de un día para otro, uno puede vencer al Madrid o al Barça sólo por cambiar de entrenador o de presidente o incluso por estrenar nueva equipación.