Opinión
Peregrinación
Por Eugenio García Gascón
Las visitas de destacados funcionarios estadounidenses a Israel están en auge. Prácticamente cada semana se produce una. La semana que ahora comienza tendrá dos: el consejero para la Seguridad Nacional y el jefe de los servicios de inteligencia americanos. El objetivo es frenar un ataque israelí contra Irán.
Los americanos han advertido repetidamente que un ataque no detendrá el programa nuclear iraní, que por otra parte todavía no está claro si persigue la construcción de armas nucleares o no. Ante todo, Washington parece temer que Israel lleve a cabo un ataque de tal manera que implique a las fuerzas americanas que están desplegadas en el Golfo Pérsico y las obligue a entrar en una guerra no deseada.
El creciente nerviosismo de los americanos quedó patente el domingo cuando el jefe del Ejército, el general Martin Dempsey, que para no ser menos visitó hace unos días Israel, advirtió con claridad: "Un ataque contra Írán en estos momentos iría contra la estabilidad en la región y a largo plazo no conseguiría sus objetivos", según recoge el Yediot Ahronot.
En plena campaña para las elecciones de otoño, Obama preferiría no verse involucrado en un conflicto con Irán. Los coflictos, especialmente en Oriente Próximo, se sabe cómo empiezan pero no cómo terminan (baste pensar en el caso de Irak, que todavía no ha terminado), y sería un riesgo considerable liarla a cañonazos en el estrecho de Ormuz en la víspera de las elecciones.
Israel, en cambio, está aprovechando la campaña electoral americana para meter más presión a la administración de Obama a través de amenazas diarias.