Opinión
Poesía y matemáticas
Por Ciencias
EL JUEGO DE LA CIENCIA // CARLO FRABETTI
* Escritor y matemático
Decía Jorge Guillén que hay muy pocos poetas auténticos, y que incluso esos pocos lo son pocas veces. Y algo parecido se podría decir de los matemáticos, y por parecidas razones. Me refiero a los matemáticos “puros”, a los que se dedican a la investigación sin otro objetivo que la ampliación y el perfeccionamiento de la matemática misma. Por supuesto, se puede hacer un excelente trabajo como docente, o en cualquier campo de las matemáticas aplicadas, sin esa vocación casi mística que caracteriza a los poetas y a los matemáticos “auténticos” en el sentido que da Guillén al adjetivo. Pero para moverse en las fronteras del lenguaje, sea el verbal o el numérico, con la suficiente atención y perseverancia como para abrir nuevos caminos o vislumbrar nuevos parajes, se requiere un grado de entrega que raya en la obsesión. Tal vez sea Rilke, en sus Cartas a un joven poeta, quien mejor ha expresado la exigencia extrema de la creación artística, y muy especialmente de esa forma sublime de la comunicación y el arte que es la poesía.
Dice el protagonista de Opiniones de un payaso, la controvertida novela de Heinrich Böll, que la suya es una profesión en la que sólo hay lugar para los mejores: o eres el número uno o no eres nadie. Y lo mismo ocurre con los matemáticos y los poetas: el circo de la cultura ignora a los segundones. Compárese, por ejemplo, el número de novelistas de éxito con el de poetas, o el de físicos o biólogos conocidos con el de matemáticos; no es una prueba concluyente, pero sí un dato revelador. Y no hay que olvidar a los filósofos, que tienen que aunar el rigor lógico del matemático con la audacia verbal del poeta: tampoco ellos lo tienen fácil.
Poeta, matemático, payaso, filósofo... Profesiones de alto riesgo en las que es muy difícil alcanzar la excelencia, y que solo en la excelencia adquieren pleno sentido. Como las altivas damas de los caballeros andantes, la poesía, la matemática, la payasez (la más depurada forma de comicidad) y la filosofía exigen una dedicación absoluta y rara vez conceden sus favores. Y sin embargo sus devotos, al igual que los esforzados paladines de los tiempos heroicos, no cejan en su empeño. Como los exploradores y los viajeros (que nada tienen que ver con los turistas), sienten la necesidad imperiosa de ir más allá del horizonte. Un horizonte que se renueva sin cesar, que es –por definición– inalcanzable. Poetas, matemáticos, payasos, filósofos, astronautas... Tan escasos como imprescindibles.