Opinión
El precio de renegar de la propia fe
Por Antonio Avendaño
A los socialistas andaluces los ha castigado Dios por simular una fe que nunca tuvieron. Los ha castigado el Señor por imitar conductas nacionalistas con las que en realidad nunca se sintieron cómodos. A lomos de esa fe impostada, promovieron un segundo Estatuto de Andalucía cuyo propósito último era parecerse todo lo posible al de Catalunya, y ahora recogen de parte del Constitucional el amargo fruto de su apostasía.
Los magistrados han declarado inconstitucional el artículo que atribuía en exclusiva a Andalucía la gestión de una cuenca que, aunque mínimamente, también es un poco extremeña, algo manchega y un punto murciana. Los socialistas simularon en su día que esta vida les resultaba insoportable si no incluían en su Estatuto las competencias exclusivas sobre el Guadalquivir y ahora les toca simular que están indignadísimos y dispuestos a pegarle fuego a la España centralista y descuidera que pretende robarles su río.
En realidad, pocas veces una sentencia adversa del Constitucional habrá tenido menos coste político del que tendrá esta para el presidente andaluz. Griñán es un tipo lo bastante sensato para saber que el Guadalquivir no se irá de donde está, pero también lo bastante trajinado en política para saber que su deber es ponerse dramático y proclamar que si alguien pretende robarle su río a Andalucía será por encima de su cadáver. Si esta sentencia no acaba teniendo coste cero, se le aproximará bastante: también el PP de Javier Arenas y la IU de Diego Valderas respaldaron el Estatuto y no pueden disparar contra el PSOE sin herirse a sí mismos. Nunca abjurar de la propia fe fue tan barato.