Opinión
Princesa durmiente
Por Espido Freire
Las edades míticas se establecieron por el poder que en algún momento tuvieron los números, y luego, por simple hábito. Los cien años, los que pasó la Bella Durmiente en su sueño, los de los marineros que creían pasar únicamente uno bajo los dominios de las sirenas, los de los viejos eternos, se han convertido ahora en una cuestión de oxidación y dieta mediterránea. Los roqueros mueren a los veintisiete años, y aún en ese momento les da tiempo a vivir una decadencia que hace que añoremos sus veinte, sus dieciocho. Las princesas reales, (Marilyn, Diana), desaparecen de manera misteriosa a los treinta y seis, y cuanto más nos acercamos a esa edad más conscientes somos de lo jóvenes que eran, de cómo las arrugas que comenzaban a arañar sus rostros estaban, principalmente, en su anticipación.
Hubo un tiempo en el que las tardes de siesta se hacían eternas, y en las que, antes de que supiéramos nada de la relatividad, sentimos que el tiempo podría ser elástico. Con lo poco que hemos vivido, lo hemos vivido ya todo: las hambrunas en Etiopía, con niños con los estómagos abolsados por el hambre, han dejado paso a los pequeños arrojados al mar, en una barca inclemente. De la lucha de todos contra el fuego ha quedado la veneración por el agua, la sensación de que en cualquier momento los que nos creíamos ricos podemos volver a ser pobres. La vida ha sido un sueño demasiado rápido, y cuando comenzamos a entender que nos enseñaron mal, mentiras y malos hábitos, hay que dejar la existencia como quien arroja lejos de sí un vestido viejo.
Queda la certeza de haber sobrevivido a lo que dejó por el camino a otros: accidentes de tráfico evitables, drogas, un golpe dirigido a la cabeza, una bomba en un cuartel cercano, en el País Vasco. Cortázar dijo que al fondo estaba la muerte. Allá está, respira en cada esquina. Nosotros percibiremos la idea de resurrección. Ya no moriré a la edad de los ídolos y los redentores. Hoy cumplo treinta y cuatro años, y he dejado atrás, definitivamente, la juventud.