Opinión
El problema teológico de Judas Iscariote
Por Manolo Saco
Después de haber rehabilitado a Giordano Bruno (lo mantuvo, a lo tonto, cuatrocientos años en el infierno, por error), la Iglesia ha tomado sobre sus hombros la tarea de devolver el buen nombre a Judas Iscariote, el discípulo de Jesús que acabaría vendiendo a su maestro a los soldados romanos por 30 monedas. Ahora viene a reconocer que el pobre Judas “sólo cumplía con su papel en el plan divino”.
De esta manera podrían terminar los problemas para Judas, que lleva casi dos mil años ardiendo en el infierno porque le habían designado sin su permiso el papel de malo. Pero, atención, los promotores de esta medida no han sopesado bien en qué berenjenal se están metiendo, pues de esta manera puede dar comienzo uno de los problemas teológicos de mayor envergadura con los que se haya enfrentado jamás la Iglesia católica:
todos los malvados, ateos, pederastas, terroristas, homosexuales, violadores, ladrones, embusteros, onanistas, asesinos, socialistas, comunistas, redactores del Estatut de Catalunya y el alcalde de Madrid, por poner algunos ejemplos de candidatos al fuego eterno, podremos exigir una revisión de nuestra sentencia en el Juicio Final, pues en realidad “no éramos otra cosa que el instrumento de dios” para que los buenos cristianos (los buenos, ojo, que ya estoy viendo a los fachas apuntándose al pelotón de los justos) contaran con un espejo de maldad en el que comparar las virtudes que solamente a ellos les adornan. Los tontos, los feos, y los obesos forman parte de un plan divino (a éstos no les parece tan divino, es verdad)) para que refuljan los listos, los guapos y los atletas, si bien al final, en esta película que se han montado los dioses, todos vamos a ser recompensados con idéntico salario.
Y ahora viene el problema teológico: ¿merece la pena adoptar el papel de bueno en la comedia de la vida, cuando al fin y al cabo se vive mejor de rico insensible, de pecador de la pradera, de glotón de ostras y caviar beluga, de rijoso compulsivo, o de presidente de la FAES? ¿Cuál será desde ahora el aliciente para ser una buena persona, de derechas por supuesto, si al final lo peor que te puede pasar en el paraíso es que te coloquen a la izquierda de dios padre, o, como mucho, que te toque columna para toda la eternidad?
Con el corazón en la mano creo que los monseñores revisionistas del Vaticano están a punto de cometer un error histórico. Porque, claro, si hasta ahora la convivencia en la Tierra era un auténtico balneario, donde los cristianos ponían la otra mejilla cuando se les abofeteaba (no hay más que repasar los comentarios de esta bitácora: los reconoceréis por el amor y respeto al prójimo que supuran sus escritos), ¿qué les frenará de ahora en adelante que no necesitan hacer méritos ante dios para ganarse el cielo, ni contenerse las ganas de insultar, torturar y perseguir rojos, ateos, moros, negros y nacionalistas periféricos?
Así que no se anden con coñas, monseñores, y dejen a Judas que se abrase unos años más, aunque sólo sea por cutre, por haberse dejado sobornar por treinta monedas de mierda. En el Juicio Final le agradecemos los servicios prestados, y aquí paz y después Gloria, que se la tiene merecida el pobre hombre. Pero, por favor, no enreden, que si los buenos ahora son así, no quiero ni imaginar cómo serán de malos.