Opinión
Ratórica y amnistía
Por Público -
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Orlando Zapata, preso político en Cuba desde el año 2003 bajo la acusación ritual de “atentar contra la seguridad del Estado”, acaba de morir en la cárcel al cabo de 85 días de huelga de hambre. Ante el escándalo generalizado de la comunidad internacional, el presidente cubano, Raúl Castro, dijo que lamentaba el caso. Pero que esas cosas también pasaban en la base de Guantánamo.
Así es. Presos muertos como consecuencia de una huelga de hambre ha habido en Guantánamo, la prisión extraterritorial que mantiene el Gobierno de Estados Unidos en la misma Cuba para los acusados –ritualmente– de “terrorismo”. Y también en las cárceles de todo el mundo, o al menos en aquellas de las que algo se sabe por fuera de sus propios muros. Pues una huelga de hambre no es un recurso interno de los presos, como podría ser la fuga, sino una petición de auxilio al exterior: es necesario que se conozca. A veces es bien recibida, y a veces no. Hace 30 años, por ejemplo, la huelga de hambre de los presos del IRA irlandés –murieron uno tras otro, nada menos que diez– no produjo escándalo en la comunidad internacional. Por el contrario, se alabó la firmeza de la gobernante que no había cedido al chantaje de los detenidos políticos, la dama de hierro británica Margaret Thatcher.
Porque lo que hay que determinar es si lo importante es la muerte de un preso o el motivo por el cual está preso. Ese motivo es cambiante. Ya no hay presos del IRA en Reino Unido (entre otras cosas por las consecuencias políticas que tuvo aquella larga huelga de hambre de hace 30 años). Y en cambio en Cuba Raúl Castro, que fue preso político hace medio siglo, ya no lo es.
En aquel tiempo clamaba la dama de hierro ante el Parlamento: “Crime is crime is crime!”, refiriéndose a los actos por los cuales estaban presos los irlandeses en huelga de hambre. Es el antiguo recurso retórico de la triple repetición, muy admirado por los sofistas. “El crimen es el crimen es el crimen”, como la cita de “una rosa es una rosa es una rosa” que hizo célebre a Gertrude Stein. Pero la retórica no convence a la historia: de las condenas de hoy nacen las amnistías de mañana, al vaivén de la política, porque el crimen no siempre es el crimen.
Y por los presos muertos no se conmueve sino esa admirable y terca organización que sólo toma partido por las víctimas, llamada imparcialmente Amnistía Internacional.