Opinión
¿Qué es la realidad?
Por Ciencias
-Actualizado a
EL JUEGO DE LA CIENCIA // CARLO FRABETTI
* Escritor y matemático.
Como han señalado algunos lectores, la pregunta “¿Qué es el universo?” (ver blog) es inseparable de la que sirve de título a esta columna. ¿Tiene existencia objetiva, independiente del observador, el color rojo o es solo la forma en que nuestra mente reacciona al incidir en la retina unas ondas electromagnéticas de una determinada frecuencia? Se podría argumentar que dicha reacción mental se corresponde con un proceso fisiológico -y en última instancia físico- muy concreto; pero también las emociones y los sentimientos se corresponden con procesos fisiológicos, y sin embargo son algo más que meras reacciones físico-químicas. Del mismo modo que no hay amor sin amante, no hay rojo sin observador.
Pero ¿acaso la consistencia o la forma de un objeto son menos subjetivas que su color? Argumentando en esta línea, el obispo Berkeley llegó a la conclusión de que solamente hay percepciones. La supuesta realidad exterior es una ilusión, y solo tienen existencia real los seres conscientes: Dios, los ángeles y los humanos; para un objeto inanimado, ser no es más que ser percibido. El inmaterialismo de Berkeley (que tiene un claro antecedente en el maya o “ilusión cósmica” del hinduismo y un inquietante consecuente en algunas implicaciones de la mecánica cuántica), llevado a sus últimas consecuencias, desembocaría en el solipsismo: solo existo yo, y todo lo demás es una invención de mi mente. Delirante, tal vez, pero irrefutable.
¿Y qué dice la ciencia al respecto? Nada. A la ciencia no le interesa la realidad desde un punto de vista ontológico. No pretende decirnos qué es la realidad, sino construir modelos operativos, mapas eficientes. Y, como nos recuerda Wittgenstein, no hay que confundir el mapa con el territorio. Cuestiones como las aquí planteadas serían calificadas por algunos científicos como “basura metafísica”. Pero que no se ofendan los filósofos: hasta el oro y la plata pueden ser “basura” -impurezas- en una aleación o una reacción química de la que no deben formar parte. ¿Significa esto que los científicos no pueden filosofar? En absoluto. No deben permitir que las elucubraciones filosóficas contaminen las formulaciones científicas, pero no por ello dejan de sentir la misma inquietud, el mismo desasosiego que todos sienten a veces ante la inaprensibilidad última del mundo exterior. Ese desasosiego que Kafka expresó con glacial precisión: “A mí me conozco, en los demás creo; esta contradicción me separa de todo”.