Opinión
Retrasos y meteduras de pata
Por Ciencias
INCREÍBLE, PERO CIENCIA // MIGUEL ÁNGEL SABADELL
En 1986, el ingeniero alemán Ernest Ruska fue galardonado con el Premio Nobel de Física por construir el primer microscopio electrónico realmente eficaz. Un reconocimiento que llegó con 55 años de retraso, pues Ruska había hecho este trabajo en 1931. Y en 1983 se le dio el Nobel de Física al astrofísico hindú Subrahmanyan Chandrasekhar, por un trabajo que había realizado cuando marchó de India a Gran Bretaña en barco para hacer su doctorado... en julio de 1930.
La historia de los premios Nobel no sólo es llamativa por la lentitud a la hora de concederse. También hay insignes meteduras de pata. En 1926, el médico danés Johannes Fibiger fue premiado por descubrir que ciertos tipos de cáncer podían estar causados por un gusano parásito. Más tarde se comprobó que el pobre gusano no tenía nada que ver con la enfermedad.
Cuando murió Alfred Nobel, en 1896, dejó bastante dinero para unos premios con el propósito de que cada año se honrase a aquellos científicos que hubiesen hecho un descubrimiento importante el año anterior. El problema al que se enfrentaba el comité era: cómo saber qué descubrimiento es importante. Porque a veces algo que parece magnífico después se revela inservible. Por ejemplo: en 1903 un médico danés de nombre Miels Finsen recibió el Nobel por un tratamiento con luz para enfermedades de la piel que después no sirvió para mucho.
Lo mismo ocurrió en 1908 con el Nobel de Física, que fue concedido a Gabriel Lippmann por un nuevo procedimiento de fotografía en color. En definitiva, los del comité Nobel aprendieron por experiencia que era mejor no precipitarse a la hora de conceder los premios.