Opinión
RIP
Por Eugenio García Gascón
El lunes cerró el Restobar. El afable y simpático Sahar Levy, que llevaba la cafetería, no ha conseguido convencer al propietario, un rico judío religioso francés que adquirió el edificio hace unos años. Para renovar el alquiler, el propietario puso como condición a Sahar que cerrara durante los shabbat y que hiciera kosher la cocina.
Los periodistas españoles en Jerusalén nos reuníamos una vez por semana en el Restobar, así que ahora tendremos que buscar una alternativa. Era uno de los poquísimos lugares laicos que permanecían abiertos durante el shabbat, y la atención al cliente era casi siempre exquisita, es decir desprovista de la jutspá o insolencia tan habitual en la ciudad.
El propietario le dijo a Sahar recientemente que Sahar se sentiría mejor si cerraba durante los shabbat, un argumento que no le convenció. Sahar trató de buscar mediadores. Recurrió incluso al alcalde de Jerusalén, Nir Barkat, un laico que está en la alcaldía por accidente, pero este prefirió no entrometerse para no enemistarse con los religiosos, que son muy numerosos e influyentes.
Es verdad que mucha gente de Tel Aviv dice que estas cosas solo pasan en Jerusalén, pero se engañan, están equivocados. En Tel Aviv también pasan, y a menudo. Ciertamente hay diferencias. En Jerusalén la religión es más opresiva, pero Tel Aviv no es una excepción en ese sentido, aunque sea más laica.
Por un lado cada vez hay más religiosos en Tel Aviv pero por otro lado Tel Aviv acoge a toda la población joven laica del resto de Israel que va a la gran ciudad para escaparse de la opresión, y esto frena el proceso religioso, aunque el proceso siga su curso.
La religíón y el nacionalismo van hacia arriba en todo Israel y no solo en Jerusalén, y al día de hoy parece un proceso involutivo contagioso e imparable.