Opinión
El Sáhara, el coma
Por Joan Garí
-Actualizado a
Rom Houben sufrió un accidente de automóvil en 1983. Durante 23 años los médicos han creído que estaba en coma, mientras le limpiaban las babas en su cama de hospital. Hace poco el neurólogo Steven Laureys, de la Universidad de Liege, descubrió que el cerebro de Houben estaba activo. De pronto, la brutalidad del hecho golpeó a propios y extraños: ese pobre muchacho había estado consciente todo el tiempo, sin poder mover ni un músculo, mientras el mundo a su alrededor se organizaba como una tragicomedia obscena.
Aminatou Haidar es una activista enfrentada al gobierno marroquí por su defensa de los derechos del Sáhara. Hace dos semanas fue arrestada por Marruecos cuando volvía a Al-Aaiun después de un viaje a los Estados Unidos. Fue enviada al aeropuerto de Lanzarote, donde está en huelga de hambre a la espera de que se le permita retornar a su país.
Ustedes conocen estas dos historias. Los periódicos se han referido a ellas largamente en los últimos días. Han aparecido en diferentes páginas y secciones, pero de algún modo se han ido acurrucando juntas en la conciencia del lector, puesto que parecen compartir una misma monstruosa arbitrariedad. También el Sáhara Occidental vive en un estado vegetativo perpetuo, informativamente sumergido en lo que parece un coma perfecto desde que España, en los estertores del franquismo, lo abandonó a su suerte (es decir, a las lujuriosas apetencias expansionistas de Marruecos).
Haidar sólo quiere ser una ciudadana libre en un país libre. Houben sólo quería que supieran que estaba vivo. Son extraños los destinos cruzados por la apresurada sintaxis de un periódico.