Opinión
Samantha Power
Por Eugenio García Gascón
Un video de poco más de tres minutos que se remonta a hace más de una década y que circula por la red constituye el principal obstáculo para que Samantha Power se convierta en la próxima embajadora de Estados Unidos en la ONU, tal y como desea Barack Obama.
En 2002, en plena segunda intifada, Power dijo: "Estados Unidos no necesita malgastar miles de millones de dólares en ayuda al ejército israelí, sino invertir miles de millones en el establecimiento de un estado palestino" y "Estados Unidos debe inmiscuirse (en la segunda intifada) para impedir un genocidio (de los palestinos)", según las citas textuales que recogía ayer el Yediot Ahronot.
Dos años después dijo: "Estados Unidos tiene que presionar más a Israel para que llegue a una solución con los palestinos". Al año siguiente, en 2005, manifestó: "La solución del conflicto israelo-palestino es imprescindible para la solución de los demás problemas en Oriente Próximo". Y un año después, en 2006, dijo: "Es posible que Estados Unidos necesite invadir Israel para que sea posible...establecer un estado palestino".
Samantha Power, 43 años, ha cambiado radicalmente de opinión desde entonces, es decir desde que el partido demócrata está en la Casa Blanca. De hecho, casi no ha parado de reunirse con representantes del lobby judío para decir que ahora no comprende lo que dijo entonces, cuando la Casa Blanca era republicana. Hay incluso rabinos como Shmuley Boteach, amigo muy próximo del magnate Sheldon Adelson (el de los casinos de Madrid), que aseguran que Power se ha corregido y ahora es una ferviente defensora de Israel.
Con todo, según Haaretz, Power tendrá que enfrentarse a una campaña contra ella que con toda seguridad lanzarán la derecha neocón americana y "los grupos judíos", antes de conseguir el apoyo del Capitolio para su nombramiento.
Martin Peretz, director de la revista neocón New Republic y portavoz oficioso del lobby judío, ya dispensó en 2008 un certificado de kashrut a Samantha Power cuando publicó un artículo en el que confirmaba que Poweer se había convertido en "una amiga de Israel".
Como en el caso de Samantha Power, otros representantes han tenido que pasar por el aro recientemente para aspirar a puestos destacados en la administración. El más sonado fue el del secretario de Defensa Hagel, quien, rozando la humillación, tuvo que desmentirse a sí mismo una y otra vez en asuntos relacionados con Israel antes de su nombramiento.