Opinión
San Francisco de Asís
Por Espido Freire
Existen mil excusas para matar animales: la alimentación, el vestido, la ostentación de los abrigos de pieles, la caza, el alto coste de las fieras de circo, las peleas, las fiestas que se centran en las heridas y la muerte de diversos animales, las religiones que no han dado el paso al sacrificio simbólico. La mayor parte de ellas se mantienen por la insistencia de quienes las practican, no por la lógica. La fascinación que despierta la crueldad es tan intensa que apenas pueden controlarse con leyes la muerte de personas: el ámbito de quienes desean infligir dolor dentro de un marco legal se reduce, por tanto, a los animales.
A quienes pensamos de distinta manera nos llegaron con meses de retraso las imágenes en las que un artista costarricense exponía en la galería Códice, de Nicaragua, la lenta agonía de un perro callejero. No se despejó la incógnita de qué ocurrió con el animal: sin agua ni comida, atado a una pared, lo más probable es que muriera. El autor buscó una justificación clásica: quería denunciar la hipocresía de quienes denunciaban y no hacían nada. Para ser sinceros, también yo me pregunté cómo fue posible que nadie se acercara al perro y lo liberara. O, si el animal se mostraba agresivo, algo dudoso dado su estado, al menos acercarle un cuenco con agua, o alimento blando.
No sé el grado de conciencia animal que tiene la policía nicaragüense, o el modo de tramitar una denuncia oficial: sé que yo no hubiera podido soportar esa situación sin hacer nada.
¿Quién puede ser sensible al sufrimiento humano si observa de buen grado el dolor de un animal? Ya en el siglo XIII Francisco de Asís se había compadecido de las aves enjauladas que un muchacho le traía para comer: “Dame, por favor, esas aves tan inocentes, que en el Evangelio representan a las almas castas, humildes y fieles, para que no acaben en manos crueles que las maten”. Esa actitud, junto con otras, le llevaron a ser considerado un santo, y un loco. Ahora sería un pionero, un ejemplo, un visionario.