Opinión
Santiago sigue cerrando España
Por Juan Carlos Escudier
Ahora que Stephen Hawking ha concluido que Dios no existe o que, al menos, pudo haberse echado a la bartola el séptimo y los otros seis días de la semana mientras se creaba el universo porque su participación era innecesaria, la cúpula del PP, con Rajoy a la cabeza, se ha plantado ante la imagen del apóstol Santiago para pedirle que la nación continúe siendo una y fuerte, en novedosa reedición del ya clásico Santiago y cierra España. Abusando de su condición de gallego, Rajoy solicitó también que, con su ayuda, la política mantuviera su condición de actividad noble. Por si se obraba el milagro en primera fila estaba Camps, ocupando su plaza y la de Esperanza Aguirre, que llegó tarde a pedir que el profesor Neira se moderara con el orujo. Por razones evidentes a este santo se le piden cosas muy peregrinas.
Hay que reconocer que la idea de convertir una catedral en el escenario de un mitin ofrece grandes ventajas. Una es que se dispone de un marco incomparable y fresco, ideal para el verano y muy agradecido para la cobertura gráfica. La segunda y principal es que no se necesita contratar al Bigotes por un pico para que te alquile el atril y las sillas de tijera ni meter en el ajo a ninguna constructora para que suelte la pasta ya que el arzobispo se ocupa de todo, desde el púlpito a los bancos, pasando por el atrezzo con botafumeiro incluido.
La Iglesia sabe cómo cobrarse sus favores. Así, si hay que paralizar la renovación del Constitucional un lustro más para ver si, además del Estatut, el tribunal se lleva por delante la nueva ley del aborto, pues se hace y a otra cosa butterfly. Dios no existirá pero su Iglesia manda como si fuese una realidad tan palpable como la espalda del mentado Santiago. Por eso, el viaje en noviembre de su representante en el Tierra es capaz de determinar la fecha de los comicios catalanes, no vaya a ser que el Papa llegue a Barcelona y contemple el triste espectáculo de una campaña electoral.
Al apóstol uno le pediría que encontrar trabajo fuera más fácil que acertar a la primitiva, que no se tuviera que ir a la huelga para evitar que los trabajadores paguen por una crisis que sólo sufren ellos o que a la izquierda le diera por resucitar. No son tareas sencillas ni aunque el omnipotente jefe del santo diera señales de vida.