Opinión
Señales de alarma
Por Eugenio García Gascón
El exprimer ministro Ehud Olmert dice que la situación se está deteriorando hasta tal punto que en su opinión se encuentra al borde de la tercera intifada.
Olmert no es el primero que ha hablado en ese sentido en las últimas semanas. Desde luego, se puede alegar que durante sus tres años de mandato, justo antes de Binyamin Netanyahu, no hizo absolutamente nada para resolver el conflicto. La suya es una actitud bien conocida entre los dirigentes israelíes, quienes cuando están en la oposición hablan de avanzar hacia la paz y luego, en el poder, dejan pasar el tiempo sin tomar decisiones.
Olmert pronostica que la situación se deteriorará sensiblemente después de la elecciones israelíes del 22 de enero.
Amos Yadlin, exjefe de los servicios de inteligencia militar, se sumó ayer a las voces críticas que demandan a Netanyahu que haga algo. Son todavía pocas voces y Netanyahu no ha dado ninguna señal de querer retirarse de los territorios ocupados. Al contrario, ayer Israel aprobó una nueva expansión colonial en Guilo, al sur de Jerusalén, de más de 1.200 viviendas.
Un "muy alto funcionario" israelí que el Yediot Ahronot cita se lamenta de que la situación se va a agravar inevitablemente a corto plazo. "El primer ministro ignora al mundo entero. No le interesan los palestinos, pero esto nos va a explotar en nuestras caras. El gobierno de Netanyahu está guiando a Israel hacia un desastre", dijo el funcionario.
Sin embargo, no parece probable que el gobierno vaya a tomar medidas para evitar el "desastre", máxime cuando la comunidad internacional permanece con los brazos cruzados y no obliga a Israel a respetar las resoluciones internacionales.
Netanyuahu se siente fuerte porque cuenta con el respaldo de la mayoría de la Kneset, y el respaldo continuará durante la próxima legislatura, si atendemos a unos sondeos que muestran que la sociedad israelí es cada día más religiosa y más nacionalista.