Opinión
Sentados encima de los tanques... sin hacer nada
Por Manolo Saco
Ahora sabemos por la pluma de Paul Bremer, uno de los políticos americanos más ineptos, ascendido en su momento a administrador civil estadounidense en Irak por la vía directa de ser amigo de juergas de George W. Bush, que los soldados españoles destinados en Irak por el gobierno del hombrecillo insufrible, se dedicaban a la buena vida y no pegaban ni clavo. Fue fulminado de su cargo cuando ya no había remedio, cuando ya había cometido todas las torpezas de libro posibles, tratándose de una guerra de ocupación, como desmantelar toda la estructura del Estado, ejército, policía, judicatura y funcionariado, sin tener prevista una alternativa mejor.
Hay sospechas de que el libro que acaba de escribir (“Mi año en Irak”) no es otra cosa que un intento de justificar su fiasco. Describe a los soldados españoles como unos pasotas que no colaboraban en la lucha, cuando nuestra ayuda en aquellos momentos era crucial para la supervivencia de la cultura occidental (más o menos): “Se niegan a cooperar, están sentados encima de los tanques, sin hacer nada (...) sentados sin mover el trasero”, dice el ex administrador.
Para mí es una buena noticia. Doblemente. Una, porque por lo menos sabemos que nuestros soldados se negaron a colaborar en aquella guerra ilegal. Y dos, porque ahora sabemos que tenemos una soldadesca que se lo piensa dos veces antes de cumplir órdenes injustas.
Y esta segunda faceta es importantísima en estos momentos en que algunos generales, militares retirados, asociaciones de militares en activo, la extrema derecha en pleno y el Partido Popular con sus medios de propaganda al unísono están coqueteando con la idea de un golpe de estado militar para hacerse con el poder perdido en las urnas, o bien simplemente “comprenden” que alguien pueda estar pensando en la solución militar como “otra forma” de hacer parlamentarismo.
Yo no sé cómo van los preparativos del supuesto golpe de estado, pero Mariano Rajoy debe de saber algo, de la misma manera que conocía que tras los atentados de Atocha estaba ETA, que el Prestige soltaba apenas unos hilillos de petróleo, que Sadam Hussein estaba hasta las cejas de armas de destrucción masiva, que las bodas homosexuales acabarían con la familia, y tantas cosas que conoce de primera mano José María Rajoy y que nosotros y el gobierno desconocemos.
Y digo que debe de saber algo este Mariano Aznar porque hoy, continuando con su costumbre, ha insinuado que “algo está pasando” en el Ministerio de Defensa que el gobierno se calla. A tenor de estas cábalas, llevaba yo varias horas sin saber si debía empezar a buscar escondite en casa de algún amigo, cuando supe lo del libro de Paul Bremer.
Ahora estoy más tranquilo, porque imagino a nuestros soldados, el mismo día del próximo pronunciamiento, “sentados en sus tanques, sin hacer nada, sin mover el trasero”, para desesperación del general insufrible, mirando de reojo cómo el pueblo español se agolpa de nuevo ante las sedes de los partidos que “comprenden” tan a la ligera el golpismo, para exigir explicaciones a unos dirigentes tan comprensivos.