Opinión
Sesenta años después
Por Eugenio García Gascón
Hace exactamente sesenta años que Irán sufrió un golpe de estado que depuso al primer ministro Mohammad Mossadeq, elegido en las urnas por el pueblo iraní.
Ayer la CIA reconoció por primera vez su participación en aquellos hechos. "El golpe militar... se llevó a cabo bajo la dirección de la CIA como un acto de la política exterior de EE.UU", dice uno de los documentos internos de la agencia de espionaje divulgados con un candor pasmoso.
Referencias al origen del golpe han circulado desde hace muchos años pero esta es la primera vez que la propia Agencia Central de Inteligencia lo admite públicamente. Hasta ahora siempre lo había negado, pese a ser algo conocido y sobre lo que incluso se han escrito libros.
La organización del golpe corrió a cargo de la CIA con la asistencia de los servicios secretos británicos MI6 para deshacer la nacionalización de los recursos petroleros que en ese momento estaban en poder de compañías del Reino Unido.
Según los analistas de la CIA, Irán corría el peligro de caer en la órbita de la Unión Soviética, y este fue el pretexto que usaron los americanos y los ingleses para evitar la nacionalización del crudo.
Los documentos ahora divulgados también muestran que la CIA colocó artículos e informaciones contrarias al primer ministro Mossadeq en la prensa interncional, y por supuesto también en los medios de comunicación iraníes y americanos.
Es posible que tengamos que esperar otros sesenta años para saber lo que realmente está ocurriendo en Egipto estos días. Los dirigentes occidentales, y especialmente de Estados Unidos, es decir las grandes democracias liberales, no están siendo muy claros al respecto, o esa al menos es la impresión que se tiene desde fuera.
No se trata de sumarse a la teoría de la conspiración, por más que la conspiración reaparezca constantemente, pero existen numerosos indicios de que lo que está sucediendo en Egipto obedece, como en el caso de Irán de 1953, a intereses ocultos de las grandes potencias democráticas y liberales.
Los papeles de Snowden, por citar solo la última serie de filtraciones, que gracias a Snowden no ha sido necesario esperar durante sesenta años para conocer algo que cualquiera se puede barruntar, son un escándalo adicional que apunta en la misma dirección y que señala que el sistema necesita una buena sacudida para seguir tirando adelante, si no necesita algo más.