Opinión
Los sheriffs de Arizona
Por Ciencias
-Actualizado a
El electrón libre // Manuel Lozano Leyva
* Catedrático de Física Atómica Molecular y Nuclear, Universidad de Sevilla
En los primeros años del siglo pasado, cuando en el Oeste norteamericano empezaban a contarse los automóviles por decenas, los sheriffs de varios condados del estado de Arizona debatieron el asunto. Los coches exhalaban humos, espantaban a los caballos y amedrentaban a las personas. El acuerdo fue claro y expedito: darían órdenes a los policías de impedir la circulación de aquellas máquinas infernales, empleando cuerdas o cadenas y, si no había más remedio, disparándoles, aunque procurando, eso sí, no darle al conductor.
Desde que se instauró la democracia en nuestro país, los obispos me recuerdan de tanto en tanto y cada vez más a menudo a los sheriffs de Arizona. Empezaron con el divorcio, después con el aborto y siguieron, erre que erre, con las células madre, el matrimonio homosexual, la educación para la ciudadanía; y todo hace sospechar que así continuarán sine die. Podemos incluso remontarnos a muchos siglos antes y observaremos que la Iglesia, o mejor dicho, la cúpula eclesial, sus príncipes, siempre se han opuesto a cualquier avance social, en particular, a los científicos y tecnológicos.
La Iglesia debería intuir que el siglo XXI va a estar definido en buena medida por la biología molecular y, más concretamente, por sus logros genéticos aplicados a la sanidad. Como casi todo gran progreso, la manipulación genética puede dar resultados magníficos e indeseables. A pesar de estar en sus primeros balbuceos, ya es posible entrever la posibilidad real de engendrar niños que salven a sus hermanos de enfermedades incurables, pero también la de gestar bebés de diseño caprichoso.
Obviamente, hemos de favorecer lo primero y prohibir lo segundo, admitiendo que incluso lo beneficioso presenta aspectos secundarios inquietantes y muy complejos: futuro de los embriones desechados, posible perjuicio al nuevo niño, consanguinidad, mercantilismo, enmascaramiento fraudulento de objetivos, etc. Todo se hará o se intentará, por lo que es imprescindible regular por ley lo que es beneficioso y perjudicial para la sociedad. Han de hacerlo, naturalmente, los legisladores, es decir, los representantes del pueblo, pero para ello tienen que atender las voces de los ciudadanos y sus asociaciones de todo tipo, incluidas las iglesias.
Por eso éstas han de saber que no vale oponerse a todo situándose en una absurda posición contra corriente de la historia. Como en el caso de los sheriffs de Arizona, podemos conceder, por mor de la generosidad y amplitud de miras que a los obispos les suele faltar, que su actitud la provoca una buena intención. Aún así, deberían considerar que aquellos bienintencionados próceres del Lejano Oeste ni intuyeron lo que se les venía encima con el automovilismo, ni participaron en la elaboración del Código de la Circulación. No hicieron más que molestar y caer en el ridículo.