Opinión
Las siete bases
Por Público -
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Se reunieron los jefes de Estado de América del Sur para discutir la cesión de siete bases militares en Colombia para su uso por Estados Unidos contra el terrorismo y el narcotráfico. La discusión fue televisada en directo. Y no concluyó en nada. El presidente brasileño, Lula da Silva, resumió: es que las cosas no se pueden decir en público.
Se dijeron algunas. Las dijo el colombiano Álvaro Uribe, anfitrión de las bases, optimista; y sus dos vecinos, Rafael Correa, del Ecuador, y Hugo Chávez, de Venezuela, pesimistas. Chávez leyó un documento del Comando Sur del Ejército norteamericano en el cual se explica que desde las bases en Colombia los aviones de guerra pueden cubrir sin escalas todo el continente. Y Correa recordó que a lo mejor es peligroso dejar al criterio ajeno saber quién es narco o terrorista: al general panameño Manuel Antonio Noriega, después de años de llamarlo su amigo, Estados Unidos resolvió de golpe y porrazo declararlo narcotraficante. Y de la base Howard en el propio territorio de Panamá despegaron los aviones que bombardearon la ciudad y salieron los soldados que se llevaron a Noriega preso a Estados Unidos, en donde fue condenado a 40 años de cárcel.
Pero más preocupantes que los temores de Chávez y Correa son las esperanzas de Uribe. Las siete bases son, insiste, para combatir el narcotráfico y el terrorismo. Como si no se hubiera dado cuenta de que en esos dos campos la intervención nor-
teamericana agrava los problemas, sin resolverlos. Es más: no sólo los agrava, sino que los ha creado. La lucha contra el terrorismo tiene apenas ocho años, pero ha conseguido multiplicar el terrorismo en todo el mundo. En el caso colombiano, ha hecho escalar en costos de sangre y dinero el nivel del conflicto interno. La guerra contra el narcotráfico es más vieja, y ha sido aún más contraproducente con respecto a sus objetivos declarados. Empezó hace 30 años, cuando, tras haber inventado el consumo masivo de estupefacientes (a través de la guerra de Vietnam, de la contracultura hippie y de la música pop), Estados Unidos obligó al mundo entero a perseguirlo. Con el único resultado de que han crecido el poderío y la riqueza de las mafias que controlan el negocio, hasta el punto de permitirles destruir física y moralmente países enteros. Colombia, para empezar. Digo que a lo mejor el presidente de Colombia no se ha dado cuenta de ese detalle. Pero estoy seguro de que los gobiernos de Estados Unidos sí.