Opinión
¿Éstos son los que van a cambiar el mundo?
Por Marco Schwartz
El pasado otoño, cuando estalló la crisis financiera, muchos proclamaron el final del neoliberalismo y el inminente nacimiento de un orden mundial basado en la justicia, la solidaridad y la mayor intervención del Estado. Sin embargo, cada día surgen señales contradictorias con esa percepción.
El jueves pasado se anunció la designación del nuevo número dos del Ministerio de Economía: José Manuel Campa, ovetense de 45 años con amplia experiencia en el ámbito académico. A juzgar por su currículum, debe de ser un brillante profesional. Pero, lejos de encarnar inequívocas posiciones socialdemócratas, el flamante secretario de Estado parece proclive a tesis más flexibles (por utilizar un eufemismo); entre otras cosas, aboga por la reducción inmediata de salarios como “la forma más eficaz para mejorar el Estado del bienestar en esta crisis”. Como profesor del IESE Business School, Campa debería conocer un informe de dicho instituto según el cual, entre 2002 y 2006, el salario medio español apenas creció un 1,3% frente a la media europea del 3,9% y fue el único que se alejó en términos absolutos del salario medio europeo. ¿No debería idear alguna otra fórmula para, en sus palabras, mejorar el Estado del bienestar?
En el currículum de Campa destaca que se doctoró a los 27 años en la prestigiosa universidad de Harvard. Las notas biográficas dan cuenta con admiración de que durante aquella experiencia académica trabó una estrecha amistad –que se mantiene hasta hoy– con Larry Summers, jefe de los asesores económicos de Barack Obama. Precisamente, Summers es otro exponente de lo que en este artículo se pretende subrayar: la falta de auténticos socialdemócratas con capacidad para imprimir un giro real al modelo liberal que nos ha llevado al abismo económico y social. Summers es un hombre de Wall Street: el año pasado recibió 5,2 millones de dólares por asesorar a un hedge fund y otros 2,7 millones por conferencias en varias instituciones financieras que después irían a la quiebra o se acogerían a planes de rescate con fondos públicos. Poco antes de la crisis, sentenció que algunas ideas estaban “pasadas de moda”, como “la idea de que un programa de gasto público es el camino para estimular la economía”.
Habrá que dar, por cortesía, un margen de confianza a Campa. Sólo una sugerencia por el momento: que no airee su amistad con Summers, a quien la activista Naomi Klein considera la “burbuja cerebral” más grande y nefasta de la actualidad.