Opinión
El telón de acero ya es sólo una pesadilla
Por El Mapa Del Mundo
Hasta los años ochenta, Europa era un continente salpicado de barreras, controles fronterizos y una enorme verja mortal. Al volver a Alemania de una excursión a la cercana Holanda, a los jóvenes les solían registrar el coche de arriba abajo por si se hubieran llevado algún
recuerdo de los coffee shops. Hoy, esta frontera es prácticamente invisible.
Mientras en Europa del oeste teníamos que aguantar las molestias de los guardias, los ciudadanos de los países del este sólo podían soñar con traspasar los límites blindados de sus países. Desde esta medianoche, en teoría, es posible ir en coche de Lisboa a Budapest o Riga sin mostrar el pasaporte. La adhesión de ocho estados del antiguo Pacto de Varsovia al espacio Schengen de fronteras abiertas significa la eliminación del último vestigio del telón de acero que partía el continente en dos.
Thilo Schäfer
Pero para mucha gente, esta frontera se ha trasladada simplemente unos cuantos kilómetros hacía el este. Ahora son los ucranianos, rusos, serbios y demás vecinos que se sienten excluidos del club. Es una tarea tan ambiciosa como obligatoria para Europa preparar la siguiente ronda de ampliación.
Uno de los mayores peligros para la Europa sin fronteras es la imparable ola de reforzar las medidas de seguridad que mueve a todos los gobiernos de la UE. Por supuesto que una Europa sin fronteras plantea nuevos
retos para las fuerzas de orden. En ciertas ocasiones parece justificado que se vuelvan a implantar controles de forma provisional. Pero hay que tener cuidado de que las excepciones no se conviertan en la regla.